lunes, 16 de diciembre de 2013
jueves, 12 de diciembre de 2013
Mª José Martínez nos envía su reseña del cuento de Munro, "Amistad de Juventud"
En esta fría tarde de diciembre, tarde de viernes literario, nos encontramos con Alice Munro en nuestros lugares comunes de la tertulia habitual, observando la casi inexistente tradición oral entre madres e hijas, acerca de los misteriosos caminos del amor. Será a partir del relato Amistad de Juventud, donde veremos cómo la hija quiso entender a la madre y también aprender algo de la vida a través de lo que ella misma le contó.
Parece ser que la madre había muerto cuando ella tenía veintidós años y como quería seguir hablando con ella y pedirle disculpas por no haberla atendido demasiado, la soñaba en un sueño tan bello que el sueño se interrumpía. Tal vez el sueño era inexacto porque contenía mucho de sus buenos deseos y también algo de realidad, ya que a veces la madre aparecía en un hotel muy elegante y ajeno a lo que fue su vida, cambiando aquella realidad por una ficción que no sabemos muy bien hasta donde alcanza. Tal vez la hija quería recuperar a la madre idealizada pero observa que precisamente ha olvidado lo más bello de ella, quedándose su memoria consciente con lo mas oscuro e inútil. Y es que la chica retiene lo más dañino que es de lo que se queja, lo que rechaza y lo que le causa problemas, deseando resolver todo aquello por pura necesidad de supervivencia. Desde este punto de vista, desde esta perspectiva negativa, es desde donde se nos habla.
Su madre había ido a trabajar de profesora a la escuela de Grieves en el valle de Otawa y según la costumbre, la maestra debía alojarse en la granja a la que la escuela pertenecía. Y para hacernos ver que allí todo era raro, su madre decía que la madera vieja se volvía negra, el jarabe de arce sabía rarísimo y los osos deambulaban a sus anchas por delante de las casas. Y si había conductas extrañas, su madre las achacaba a la religión cameroniana de sus habitantes; el caso es que, en aquella extraña familia compuesta finalmente por dos hermanas y un hombre, todo se desarrollaba alrededor de la frase ...”él le hizo eso a”... , frase elemental con la que los niños, siempre ignorantes de la relación hombre-mujer, tratan de explicarse. Y el hecho al que alude esta frase, pasa en el relato con cierta facilidad de una a otra hermana, de forma que la boda de Flora, la que se suponía enamorada del hombre siempre mudo, queda pospuesta por los raros manejos de la hermana que parecía más ajena al tema pero que acaba quedándose embarazada y teniendo que casarse por obligación. Flora seguirá en la casa en el absurdo papel de postergada, pero a causa de la enfermedad de su hermana, que ha perdido al niño, estará muy cerca del hombre en los trabajos diarios de la granja, en tanto le lee a la hermana unos horribles libros que son el rencor oculto. Y entonces se me ocurrió pensar en Bette Davis, porque alguna de las dos hermanas, o las dos, actuará como malvada en la sombra, cosa que la Davis hacía de maravilla. Pero, cines aparte, si cualquiera de las dos hermanas se nos antoja rara, comprenderemos algo su actitud a través de la superstición, la docilidad y silencio que aquella religión y las rancias costumbres enseñaban, o bien a partir de la necesidad física de cada una que, como en La casa de Bernarda Alba, vemos que existe entre las mujeres. En todo caso nos dice la autora, “los elegidos están ocultos bajo la paciencia y la humildad, e iluminados por una certeza que los acontecimientos no pueden perturbar”. Y esto, amigos, es lo más grave, esa certeza que nunca cede a la tentación de dudar y a la tentación de saber. Tal vez porque eso sería una “tentación”, precisamente.
La curiosidad es muy mala, nos decía un jesuíta en los “retiros espirituales” que nos daban en el Instituto Femenino de Enseñanza Media de La Coruña. ¿Sería mejor la ignorancia?, pensaba yo desconfiando mucho de aquellos consejos. Eva fue curiosa –seguía el cura-, quiso saber qué era aquello del árbol de la Ciencia, y así pasó lo que paso. Y bueno, pensaba yo con algo de risa, alguien se comió una manzana. Pero seguramente el cura hablaba de otro tema y así, en una absurda ignorancia de las cosas y de las personas, pasaba la vida de aquellas dos mujeres del relato siempre girando alrededor de un hombre, acechándolo en la oscuridad, en la más absoluta oscuridad de las palabras que no de los sentidos. Y es que cuando el ideal religioso o las convecciones sociales se imponen frente a la Vida, alguien rompe esas reglas y sale por donde puede. Entonces todo se vuelve mucho más siniestro y oscuro de lo que debería ser.
Más tarde aparece en la historia la tercera mujer, la estirada enfermera Atkinson, mujer decidida, moderna y calculadora que ya conduce el coche y su propia vida. Ella será la segunda esposa del hombre que no opina, del que no habla, del que sólo hace “eso”, el que se aprovecha de ellas en tanto que la hermana más dispuesta y virtuosa, porque según la madre rechazaba el sexo, sigue girando alrededor del hombre que pinta y ordena la casa a las órdenes de las mujeres, según la ocasión, porque todas ellas querían estrenar algo.
Pero aparte de esta “virtud” tan dañina en la que cree la madre y que lleva a Flora a la soltería más atroz, yo pregunto a la concurrencia: ¿es realmente así como las mujeres influyen en la vida de los hombres? ¿No toman ellos alguna decisión? ¿O es que son ellas las que siempre deciden con quién quieren acostarse y cuándo quieren hacerlo? Tal vez haya algo de eso y aún así es curioso observar cómo este hombre es un D. Juan al revés, el hombre que, rodeado de un halo de misterio y oscurantismo, se deja caer en las redes que le tienden las mujeres. Quién sabe: quizá la hermana más virtuosa disfruto del hombre muchos años sin pasar por las molestias de una boda.
La heroína de esta historia nos comenta lo que su madre le había querido aclarar sobre Flora de la cual realmente no sabe nada. Tampoco pudo sacar las consecuencias que deseaba y a la hermana que su madre ve como una “dama soltera”, ella llama bruja presbiterana. Ella pone el foco de su incredulidad en ese hombre asombrosamente mudo al que parece que cualquier mujer le vale y que sólo se deja llevar. Y están bien puestas las dudas y las preguntas, no en vano la hija pertenece a otra generación y no acepta aquellas explicaciones tan convencionales de la madre, porque en realidad ya necesita “otro hombre”. Ella quiere recuperar la madre idealizada y también rebelarse y romper con su mensaje, pero no puede. La hija está dentro de un sueño que sumado al normal apego materno no es fácil de abandonar, el mismo sueño en que su madre le dice que no estaba tan enferma y que ella no era acreedora de tanta culpa. Terrible dilema desconcertante y somnoliento que deja triste a la chica y a nosotros con más dudas que antes.
Todos los hijos desean que sus padres sean para ellos una plataforma muy alta desde donde lanzarse al mundo, pero esto es imposible porque todos somos hijos. Tal vez ella repita, en parte, el antiguo esquema de su madre, porque en el relato el padre también está ausente. Y volvemos a formularnos la pregunta: ¿es que los hombres no deciden nada en la vida de las mujeres?
Ella, que ya notaba en sí otras tendencias vitales, deseaba un mejor conocimiento sobre las personas, algo que le aclarase aquellos hechos consumados porque lo que las hijas desean conocer, son las auténticas razones, las razones de fondo para ver si es posible el encuentro, para poder conocer al “otro” de nuestra vida y acceder al misterioso recorrido convergente sin perderse, si es que ello es posible. Y como parece que sobre eso no hay palabras, al menos en el texto, la chica se rebela aunque sea con palabrotas, como ella misma dice, pues aquí, más que nunca, faltaron las buenas palabras que casi nunca se manejan tal vez por un raro pudor, las bellas y hermosas palabras que habrían de guiarla por los difíciles caminos del entendimiento humano.
Mª José Martínez
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Recordatorio cita LITER-a-TULIA diciembre 2013
Este próximo viernes, día 13 de Diciembre,
LITER-a-TULIA despide el año con la reunión dedicada a
Alice Munro
de la que tomaremos su relato
Amistad de Juventud
Su hija Jenny recogiendo el Nobel en la ceremonia celebrada ayer.
"Si lees muchas obras de Alice Munro con atención
antes o después en alguno de sus relatos te verás cara a cara contigo mismo;
ese es un encuentro que siempre te deja zarandeado,
con frecuencia transformado, pero nunca destrozado."
(Peter Englund, secretario de la Academia Sueca)
Restaurante Este o Este
Manuela Malasaña 9, 18 horas
-Metro Bilbao-
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Manuela Malasaña 9, 18 horas
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miércoles, 27 de noviembre de 2013
Huida hacia la soledad. Comentario de Santiago Gerchunoff sobre el relato Un vasto y desierto paisaje, de Kell Askildsen
Muchas gracias a los
responsables de Liter-a-tulia por
invitarme a abrir esta tertulia. Alberto Estévez me presentó como librero, y es
que me pagan por vender libros. Estudié filosofía, pero no me sirvió de mucho,
diría Askildsen. No sé si leyeron el texto que envié al Blog Liter-a-tulia. Era un texto elaborado hace
ya algunos años. Pero ahora, desde que soy fan de Askildsen, puedo ponerlo como
paradigma del tipo de literatura que prefiero. En ese artículo situaba al autor
como uno de los escritores antipáticos, y a sus libros también con el mismo
calificativo. Trataba de mostrar, también, una problemática del librero, que
más allá de lo que le guste y de cuál sea su paradigma literario, normalmente se
dedica a recomendar libros. Y recomendar a un autor como Askildsen es
problemático. Si ustedes acuden a la solapa de los libros, encontrarán en ellas
un festín delicioso, pues hay que buscar palabras para vender. Pero la cosa se
complica cuando se trata de escribir sobre cosas horribles, sobre relaciones
sociales fraudulentas en las que no hay más que una red de pequeñas cárceles
que se concatenan, y que todo lo demás es mentira. Esas son cosas difíciles de vender.
Y ocurre que, además, la mayor parte de la gente que entra en una librería y
pide una recomendación, busca exactamente lo contrario. Pues bien, en el comienzo
de esa reseña que envié a Liter-a-tulia,
situaba una cita de Rafael Chirbes –al que también incluiría, sin duda, en esta
lista de escritores antipáticos— en la que dice:
“De la blandura literaria emanaba, como no podía ser menos, cierto
consuelo existencial”
Me gusta esta cita. Está incluida
en una nota de un libro de Chirbes que se llama La buena letra. Aclara en
ella que en esta edición del libro elimina un capítulo que se encontraba en
otras ediciones. Era un capítulo que cerraba el libro con una circularidad
mentirosa, decía él. Después de hacer pasar al lector por situaciones horribles
–como siempre ocurre en Chirbes— devolvía al lector a un presente consolador. Y
decía que eso, justamente, es lo que arruina la literatura. A él le interesa la
literatura que huye, precisamente, del consuelo existencial.
“Cuando escribí el libro me pareció que, por respecto al lector, al
final de la novela debía devolverlo al presente narrativo del que lo había
hechor partir. Por ello, puse ese capítulo que aparecía en anteriores
ediciones… Había algo de voluntarismo literario en tal propósito, cierto
criterio de circularidad… Pasado el tiempo, me pareció que el libro no
necesitaba de ninguna circularidad consoladora, que al haber añadido ese final
había cometido un error de sintaxis narrativa, más grave aún por la filosofía
que venía a expresar… que el tiempo acaba ejerciendo cierta forma de justicia…
poniendo las cosas en su sitio. De la blandura literaria emanaba, como no podía
ser menos, cierto consuelo existencial”
Eso se podría aplicar perfectamente
a Askildsen. Es un autor que, continuamente, huye de darle al lector la
posibilidad de consolarse. No hay ningún momento de consuelo respecto de las
críticas que hace. Críticas que deja como cuchilladas sin restitución, sin algo
que se vuelva un orden.
Ese es el tema de los libros
antipáticos. Uno quiere recomendarlos porque le gustan, pero es difícil de hacer.
Hay otros libros buenos que también quiero recomendar, pero los del estilo de
Askildsen te imponen un impulso especial. Al respecto, encontré una cita de
Sánchez Ferlosio. En ella trata de entender por qué uno tiene un respecto especial
por estos escritores antipáticos, más que por los simpáticos. Su tesis es que
detrás de esa antipatía hay dignidad moral. La simpatía sería una construcción
falsa que, en realidad, sería desenmascarada en cualquier situación trágica
donde el personaje tuviera que implicarse realmente. Pone el ejemplo de un
viajero de tren que entra en el vagón y se sienta a tu lado. No dice nada y
apenas saluda. Considera Ferlosio que ese personaje, generalmente, es mucho más
digno que el que entra y se pone hablar de forma dicharachera. Se imagina
entonces que el tren descarrila. Ahí se vería que el antipático, sin duda, se
arrojaría a salvarlo a uno, mientras que no espera nada del simpático, más que
salga corriendo el primero.
Esto remite, tanto en
Ferlosio como en Askildsen –aunque no hablan de ello— a un fundamento
filosófico de sus textos, concretamente, a la filosofía práctica de Kant. Se
trata de la figura que encarna la única posibilidad de acción con un valor
moral. Es el personaje que actúa, no sólo conforme al deber, sino por deber. Es
decir, no lo hace por gusto, porque es antipático, pero en Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant se pone muy
divertido y empieza a dar ejemplos de personajes sobre los que realiza caracterizaciones
psicológicas. Ahí se ve muy bien que para Kant, el único ideal moral existente
en la tierra es ese tipo justo, ese señor cascarrabias que no tiene ningún
cariño, ningún amor por la persona a la que se ve obligado a ayudar. Podemos
derivar de ahí esta cuestión de los libros antipáticos que transmiten la sensación
de que, en realidad, son los únicos que tienen dignidad.
Y Askildsen es un escritor
del desconsuelo, alguien que huye de darle consuelo al lector. Es lo que
planteaba en el comienzo de mi intervención. Creo que en los libros de
Askildsen se trata de mostrar que todas las relaciones sociales, todas, son
fraudulentas, y todos los personajes están en una continua huida hacia la
soledad. De tal manera, la soledad aparece como única esperanza de algo parecido
a la libertad. El fundamento de la escritura de Askildsen sería el ideal de
libertad. Lo que pasa es que la sociedad real, nuestra sociedad, aparece
retratada como un conjunto de cárceles. De ellas, el individuo intenta huir hacia
la soledad. Pero es un intento de huida muy poco épico. No se trata de grandes
gestas. Esa huida hacia la soledad consiste en salirse afuera y fumar un
cigarrillo; mentir diciendo que a uno le duele la cabeza e irse a dormir un
rato para no hablar con su mujer.
Quiero decir que la
literatura de Askildsen está plagada de estos momentos, no de grandes momentos
épicos, ni de grandes gestas. Narrativamente se dice que es minimalista. Es
verdad que tiene eso que los americanos llaman el Show Don´t Tell, el intento de apostar por mostrar pero no contar. O
lo que es lo mismo, uno ha de entender lo que ocurre en las escenas, lo que hay
detrás de ellas, por cosas que imagina, no por lo que ve. Pero en Askildsen encontramos
una descripción psicológica que, justamente, lo que evita es lo minimalista.
Es decir, Askildsen habla
todo el rato de lo que sienten los personajes, pero sin explicarnos de dónde
vienen. No hay historia, sino mucha desnarrativización. Entiendo que las
situaciones no vienen explicadas con una historia, las sensaciones de los personajes
son un puro presente, una cuchillada sin que intervenga mucho el sentido.
Por ejemplo, una de las
estructuras sociales sobre las que más incide es el matrimonio. Uno de sus
objetivos es esa vida matrimonial de la que habla continuamente. Y el
matrimonio aparece como una cárcel. Pero en ningún momento explica que un
personaje haga algún razonamiento del tipo “¡Cómo me equivoqué! En realidad lo que yo debería haber hecho es estar
solo, mi matrimonio es un camino errado”. Sus personajes parece que están
condenados, o por lo menos, no disponen de ninguna vía emancipatoria, ni de ningún
pasado previo en el que hayan tomado esa decisión. No hay una historia que
explique lo que está sucediendo. Están ahí, casados, viviendo en esa amargura y
en ese intento continuo de escapar de la estructura que han aceptado y en la
que están metidos, siempre intentando huir hacia la soledad.
Pero a su vez –y por eso no
es un escritor del consuelo— no aconseja no casarse. No es que critique el
matrimonio, que éste sea una estupidez y por lo tanto aconseje no casarse. Sólo
plantea que de hecho, en cada situación, los personajes van a estar, continuamente,
huyendo hacia una soledad que, por otra parte, no va a ser ningún consuelo.
Respecto del matrimonio,
detecté tres o cuatro textos cortos, distintos cuentos muy parecidos y que
tratan lo que estoy diciendo. En ellos, el matrimonio es la cárcel de la que se
intenta huir hacia una soledad que no salva. Al respecto, les recomiendo un
relato que a mí me gustó mucho, se llama Últimas
notas de Thomas F. para la humanidad. Son las notas de un escritor jubilado
que, justamente, es el tipo de las descripciones de Kant, con valor moral pero antipático,
que no quiere a nadie, ni a sus hijos, ni a su mujer, pero tiene una actitud
recta en su forma de analizar y razonar. Es algo repugnante pero, al mismo
tiempo, muy digno. Uno de los capítulos empieza así:
“Cuando mi mujer todavía vivía, creía que cuando ella muriera yo tendría
más espacio para mí. Sólo su ropa interior ocupa tres cajones de la cómoda,
pensaba. Cuando muriera, podría ocuparlos yo, uno con mis monedas de cobre,
otro con las cajas de cerillas, y el tercero con los corchos. Tal como está
ahora, pensaba, es un caos total. Mi mujer murió hace ya mucho, era una mujer
exigente, que descanse en paz. Por fin me la concedió a mí. Vacié los cajones,
las estanterías y los armarios, retiré todo lo que había sido suyo y gané mucho
espacio libre, más de lo que necesitaba. Pero lo vacío, vacío está. Me deshice
de un par de armarios, pero sólo conseguí una habitación más vacía en lugar de
dos armarios vacíos. Fue una imprudencia por mi parte, pero ocurrió, como ya he
dicho, hace mucho tiempo, y yo era mucho más joven entonces”
Parece que ahí cuenta
perfectamente lo que trataba de plantear. Askildsen no explica, pero da como
obvio que el que lee está entendiendo. Lo terrible es que todo el tiempo está
esperando quedarse solo. Lo que ocurre es que, cuando se queda solo, ve que eso
tampoco soluciona nada. Diciéndolo un poco poéticamente, lo que se encuentra en
la soledad, al fin y al cabo, no es más que un vasto y desierto paisaje.
Santiago Gerchunoff
Intervención de Santiago Gerchunoff
posterior a las intervenciones de Silvia Lagouarde y Miriam Chorne, incluidas
más abajo en la serie de intervenciones.
El minimalismo está
operando continuamente a lo largo del relato. Lo que pasa es que la sugerencia,
cuando está bien hecha, opera en mil direcciones, no opera en una idea escrita,
sino en una idea que está ausente todo el tiempo.
Quería comentar las
intervenciones posteriores a la mía, que a mí me generaron inquietud. Entiendo
bien la articulación entre literatura y psicoanálisis, es muy interesante ver
cómo se aplica una teoría para analizar un texto. Pero para mí es fundamental,
en la manera que tengo de entender la literatura y lo que hace Askildsen en
este caso, que si uno analiza estos casos particulares, una madre estragante
por ejemplo, unos deseos incestuosos, etc., para el lector ahí sí habría
consuelo.
Hace unos días estuvo
Rafael Chirbes en la librería Muga. Explicó muy bien que si uno puede aplicar
una teoría y entender por qué los personajes que están circulando son un poco
enfermos, el lector se queda tranquilo. Para mí la cuestión que cuando el protagonista,
al que se le acaba de morir la mujer y no puedo evitar mirarle los pechos a su
hermana, el lector pueda entender que estas cosas pasan, pero no porque sea
patológico –que eso lo podemos analizar— sino porque la vida es muy rara.
Esas escenas que ocurren en
el relato son escenas reales. Incluso no diría que el protagonista no ame a su
mujer. Y también es evidente que hay una historia con la hermana, y que hay un
juego con el incesto, pero para mí lo importante es el efecto literario que
Askildsen quiere provocar, efecto que no se puede localizar como ajeno a uno
mismo. Me parece que Askildsen está hablando de las relaciones sociales, no de
las relaciones patológicas. Habla de cómo es la vida social, en qué consiste.
En ese sentido, encontramos
la cuestión de la libertad. Él también tiene ese ideal, y los personajes
también lo tienen, pero está hablando de cómo son las cosas, no de los ideales.
Entonces, la libertad que conquista es muy pequeña, eso sí que es minimalista. Por
ejemplo, en el comienzo del cuento, en el primer párrafo, hay un destello de
libertad. El protagonista estaba tumbado pero le molestaba la luz. Tenía
lágrimas en los ojos. Momento en que se acerca su hermana, a la que le pide
unas gafas, pues no quería que lo malentendieran. Esa es la libertad para
Askildsen. El personaje, aún metido en la farsa social en la que vivimos todos,
no quiere que piense que está llorando porque se ha muerto la mujer. Para mí es
muy terrible que sea así, pero esa es la libertad que este escritor deja para
las criaturas. Es lo que deja como real y realizable.
Santiago Gerchunoff
Askildsen o deducir lo importante entre lo que no se dice, por Alberto Estévez
Cuando me dispongo a redactar este comentario nuevamente advierto cuánto más fácil resulta escribir algo cuando el objeto del que se trata es del gusto de uno. Hay un plus en el que escribe cuando se trata de una obra que se tiene presente sin el esfuerzo que supone el recuerdo, como si estuviera siempre a mano y disponible, igual que unas tijeras en una cocina.
Debo a una muy querida compañera y habitual tertuliana mi bautismo en Askildsen, fue un regalo por mi aniversario hace ya unos cuantos años. De aquel bautismo nació mi gusto por el autor, por cómo narra, en lo que considero un estilo muy definido, piropo para cualquier escritor, pero sobre todo por lo que narra, por lo que relata Kjell Askildsen, el objeto de sus relatos. Es aquí donde mi profesión me obliga a detenerme, dado que además yo no soy ningún experto en literatura y no me voy a andar metiendo en jardines habiendo tantos tertulianos, me consta, que pueden con mucha más autoridad que yo, entre otras cosas porque se han dedicado a los estudios literarios, hacer un análisis de su estilo que me parece más que singular, me atrevería a decir único.
Volviendo al relato que nos ocupa, ¿cuál es el objeto al que apunta? ¿Qué temática le subyace? Algunos entre ustedes quizá puedan responder sin miramientos, no es mi caso, y quizá no esté tan claro para todos. Les propongo dos medidas para poder responder a esta pregunta a aquellos para los que, como yo, no tengan tan claro cuál es el tema del relato.
La primera medida es obvia en cualquier lectura, dirigirnos al título: Un vasto y desierto paisaje. Pero este título nos plantea un primer problema, el que se deriva de su manifiesta intención poética. Una vez que leemos este título ya podemos imaginar, sin que haga falta que penetremos en la obra del autor, que este vasto y desierto paisaje no es nada muy concreto, no nos va a hablar de ningún paisaje de naturaleza desértica y de dimensiones generosas. Y efectivamente acertaremos, los paisajes que se relatan nada tienen que ver con la naturaleza, por lo tanto cabe plantearse la presencia de cierto efecto metafórico, cierta condensación que es tan habitual en el ejercicio de la poesía.
Un vasto y desierto paisaje es una figura de la desolación, si lo elegimos como título de lo que vamos a narrar ya podemos tener claro que la aflicción y la angustia serán nuestros temas centrales. Así es, lo comprobamos en el relato en cualesquiera de sus tres protagonistas; el hombre que acaba de perder a su esposa en un accidente de tráfico, la madre, mujer abandonada por su marido, y la hermana, que aparentemente pareciera la más entera pero que el escritor se encarga de poner ahí, para el que lo quiera leer, una relación problemática con su madre y cierto estilo huidizo cuando la angustia hace presa en ella. La desolación, consulten el diccionario, no se corresponde con encontrarse angustiado, sino que es un término que se utiliza para un episodio de extrema angustia y que invita a pensar en su sinónimo, asolar, que apunta directamente a la destrucción.
Ahora sí, afirmemos sin reparos que el vasto y desierto paisaje es un paisaje subjetivo, es un paisaje del sujeto, por eso el relato dice que ese paisaje no está fuera, está dentro de él, incluso el genio de Askildsen nos dibuja, para el hombre accidentado, la puerta de entrada a este paisaje, también está en el texto y también repetido varias veces: se trata del silencio. Ya ven qué elemento elige como umbral de paso a la desolación, el silencio; la genialidad reside en el hecho de que este elemento, el silencio, incómodo incluso cuando compartimos un ascensor, es un elemento perfectamente situable en el paisaje natural, en ese vasto desierto en el que imaginamos ningún sonido.
Haciendo pues este pequeño recorrido por el título podemos dar contestación al tema que el relato plantea: la angustia, la desolación, la soledad que acompañan al sujeto, pero siempre y cuando aceptemos que se trata de un tema de fondo, así lo considero, y cuando digo de fondo me refiero a que pertenece al pensamiento del autor, a su manera de entender el ser humano y por consiguiente, hablamos de un tema que perfectamente pudiera aparecer en muchos de sus relatos. Por eso les propongo una segunda medida para delimitar el tema que inspira esta narración; vaya por delante, como dije antes, que me resulta particularmente complicado decantarlo, y no solo con éste, en general casi constantemente en los cuentos de Askildsen. También les confieso que es parte del atractivo que para mí estos relatos encierran.
Bien, esta segunda medida no es tan obvia como dirigirnos al título, conlleva haber leído algunos otros relatos del noruego, en mi caso no fue ningún trabajo, bueno, en concreto dos relatos más. Lo que pretendo es agrupar Un vasto y desierto paisaje dentro de una trilogía, la que compondría con El rostro de mi hermana y en tercer lugar Los Invisibles.
En el caso de estos dos relatos que hoy no nos ocupan hay un curioso juego que el autor lleva a cabo: el nombre que recibe su hermana en el relato Los Invisibles es el mismo nombre que utiliza para una amante ocasional y especialmente lasciva en El rostro de mi hermana, y en ambos relatos la pareja masculina de la hermana recibe el mismo nombre. Entre estos dos relatos parece que hubiera similitudes más que sospechosas, como si el autor hubiese jugado a hacer variaciones sobre la misma estructura ficcional.
¿Porqué relacionar estos dos relatos con el que nos ocupa hoy? A estas alturas ya se habrán dado cuenta que en los tres cuentos hay una obsesión que muchos juzgarían insana con el personaje de la hermana del protagonista, y con buscar en estos tres relatos situaciones comprometedoras en mayor o menor grado entre ambos protagonistas, situaciones nada extraordinarias sino derivadas de la convivencia. ¿Y por qué digo comprometedoras? Porque cierto fondo incestuoso está constantemente presente, de ahí lo insano que algunos bien advertían. En este sentido recomiendo a aquellos que crean que la mirada indiscreta de nuestro hombre accidentado del relato de hoy es prueba suficientemente incestuosa, se aventuren en las pocas páginas de El rostro de mi hermana para que experimenten lo que es la tensión incestuosa en estado puro y en un grado mucho más alto en una simple conversación entre hermanos. Por su parte, en el que cité como tercer relato de la trilogía, Los Invisibles, comprobamos que el protagonista invade la intimidad de la habitación de la hermana y revuelve en sus pertenencias. Los tres relatos parecen, desde este argumento de lo incestuoso, transitar por una peligrosa frontera no muy bien delimitada.
Entonces todo parece estar claro ya, todo apunta al incesto, el incesto como gran tema del relato, el tabú entre tabúes, la prohibición por excelencia que enmarca toda dinámica edípica y que organiza y regula los intercambios posibles entre los miembros de una familia, un clan, una tribu… ¿Y cuál es el elemento sobre el que recae la responsabilidad de llevar a cabo la función de la prohibición? Clásicamente, ¿a quién se atribuye la labor de interdicción?
Al padre, él es el agente de la prohibición, sobre el padre recae tradicionalmente el peso de esta función de interdicción. Y entonces les planteo lo siguiente: ¿qué pasa con el padre en los relatos de Askildsen?
Una primera respuesta rápida: que no está. En el cuento que tratamos hoy está ausente, se fue con otra mujer, abandonó a su esposa para entregarse en brazos de otra. Pero es que en Los Invisibles resulta que está muerto, y En el rostro de mi hermana ni siquiera se lo menciona.
Creo que Askildsen dibuja un padre que no está a la altura de su función, un padre ausente o un padre caído, podríamos decir que anticipándose a lo que muestra hoy nuestra sociedad del bienestar, en la que la figura del padre ya no es lo que era, estamos ante un padre devaluado. Huelga decir que Askildsen probablemente tenga cierta fe en la función del padre a la luz de lo que sus relatos plantean, dado el desorden que en sus personajes produce el maltrecho establecimiento de esta función, dando a ver cierta orfandad que comparten todos ellos, todos huérfanos, víctimas de una ausencia.
Opino que los relatos de Askildsen tienen una característica que los hace grandes, y bajo este prisma me parecen gran literatura, porque provocan que el lector adquiera y desarrolle la capacidad de deducir lo importante entre lo que no se dice, entre lo que se omite.
No quiero alargarme más y ello conlleva dejarme algunas cuestiones fuera, en concreto un aspecto especialmente importante en las historias que narra Kjell Askildsen, que es el tratamiento que recibe el amor en sus cuentos; es un ejercicio interesante preguntarse por su presencia, pero casi prefiero guardarlo en el tintero y reservamos esta baza para el debate.
Muchas gracias
Alberto Estévez
martes, 26 de noviembre de 2013
El núcleo sórdido de lo humano. Comentario de Miguel Ángel Alonso sobre Un vasto y desierto paisaje, de Kjell Askildsen
Zaratustra:
“El mundo es profundo, y más profundo de
lo que el día ha pensado”.
Hay
relatos como Un vasto y desierto paisaje
que, al contrario de lo que es frecuente en este género literario, no tienen un
desarrollo enigmático, su núcleo no está cifrado, el sentido no hay que
buscarlo en arduas elucubraciones, sino que aparece a la luz de manera
inmediata ya desde su comienzo. ¿Dónde reside su potencia literaria? La respuesta
encierra, al menos, una paradoja bien conocida. Tendría que ver con lo que se
quiere ignorar, con algo que los “bien pensantes”, los amantes del día y, a la
vez, detractores de la noche del mundo, quieren borrar de la faz de lo humano,
y que, como bien dice Santiago Gerchunoff, hace a los cuentos de Askildsen, en
general, antipáticos, a saber, un núcleo sórdido, pero universal, que está siempre
presente en el interior de los vínculos humanos.
Es
decir, en los relatos de este autor, uno advierte cierto nihilismo que
cuestiona la bondad de los afectos y deseos que gobiernan los lazos más
tradicionales, como familia, matrimonio, lo cual hace que uno se reafirme en la
certeza de que en el interior de toda organización humana late un centro mezquino,
pero profundo y tenaz. Reitero que pocos se atreven a escucharlo, y los más se
empeñan en ignorarlo.
Por
eso resulta sorprendente la unanimidad de la crítica literaria y de tantos
lectores empedernidos ante Un vasto y
desierto paisaje. Crítica de la que se desprende un amor inconmensurable
por lo que llegan a denominar la “verdad cotidiana”. No me cabe duda de que, salvo
honrosas excepciones, esas mismas palabras rechazarían con ahínco la “verdad
cotidiana” si fuese mostrada, no en la literatura, sino en ellos mismos, o en
la vida misma, cuando no en disciplinas diferentes de la literatura, por
ejemplo, en el psicoanálisis. Lo cual me hace pensar que sus palabras no pasan
del elogio intelectual carente de verdadera sustancia. Un exceso de palabra
vacía, todo lo contrario del ejercicio literario que realiza Askildsen.
Porque
las precisas y sutiles percepciones que se proyectan en estos relatos suelen
atraer el repudio, la infamia y las acusaciones de perversión moral sobre un
observador que no sea literato. Pero aquí, como digo, fascinan, seducen, y se
convierten en motivo de enaltecimiento de la verdad, de manera que la
hipocresía cede su trinchera de resistencia para mostrar que en la matriz
primordial de nuestra civilización, es decir, en la misma familia, mora un goce
perverso de contenido sexual que circula entre sus componentes. Eso es una
premisa universal. Está bien que lo recoja la Literatura, que nunca tuvo
problemas para merodear por los excesos del deseo humano. Pero está todavía mejor
que el sujeto que sostiene la crítica literaria también lo acepte de una manera
tan general. Se ve que la relación con la verdad va ganando adeptos. Quizá está
próximo el momento en que todos los seres hablantes podamos reconocer lo que
plantea Askildsen, y de forma todavía más directa planteaba Remy de Gourmont en
sus Relatos sombríos. Historias mágicas
cuando dice:
“¡Todo esto es muy sucio!
–Como la vida
querida alma mía, como la vida”.
Podemos
ahora demorarnos en algún comentario sobre la forma narrativa, muy peculiar en
Askildsen, hasta el punto de que algunos críticos lo encasillan como
minimalista. Askildsen protesta
cada vez que lo tachan de escritor minimalista:
“Pero
yo no soy para nada minimalista, si lo dicen, protesto”
Si acaso, Askildsen, como escritor, como
artista, sepa que en cualquier arte se trata de merodear alrededor de ese
núcleo problemático, sórdido, al que anteriormente nos referíamos, no para
borrarlo –tarea asignada a los bien pensantes— sino para evocarlo. Pienso que
ese es el motivo de su técnica narrativa, de sus frases escuetas y nunca
superficiales ni banales. Sólo parece prestar su escucha para una palabra breve,
sin profusión numérica, pero plena en su función de evocación. Son palabras que
no nos ofrecen apenas ningún plus en relación al sentido, no tienen la
ligereza de la dialéctica, sino que parecen cargar con la nitidez de los
objetos, son palabras que pesan como cosas, pues sólo se afanan por atrapar objetos
muy peculiares.
“Pude
ver uno de sus pechos”
Cuestión de poder, cuestión de objetos,
cuestión de goce sexual. Ninguna palabra que pretenda tocar al otro para
amarlo, sino solamente para agarrar un trozo de su cuerpo. Es la aridez de Un vasto y desierto paisaje, la misma que reside
detrás de todas las historias simbólicas de todos los seres hablantes. Historias
que Askildsen da por sabidas, historias que, seguramente, ya atravesó. Es por
eso que, más que encasillarlo en el minimalismo, diría que detrás de la novela histórica
de cada ser humano encontró muy poca sustancia, solamente palabras estáticas,
petrificadas, desconectadas, alusivas a la miseria que conforma, como
verdad, nuestro vasto y desierto
paisaje. El de todos, también el de los bien pensantes.
Miguel Ángel Alonso
La existencia como condena. Comentario de Silvia Lagouarde sobre Un vasto y desierto paisaje, de Kjell Askildsen
Voy a contar una pequeña anécdota para luego
hacer una reflexión sobre el cuento de Askildsen. Yo tuve una gran amistad con
una mujer Noruega en Italia. Ella vivía con su marido italiano en las orillas
de un lago, pues necesitaba el contacto con la naturaleza. A través de sus palabras,
me empecé a hacer una idea de Noruega, de manera que este país me pareció
ideal. Ella estaba horrorizada de la cultura italiana, hasta el punto de que
pensaba que su hijo acabaría siendo un asesino. Me contaba que, en Noruega, los
niños no tienen acceso a las armas de plástico, ni siquiera en jugueterías; que
los niños andaban “sueltos” por los bosques llenos de Bambis. Hay algo de real en
lo que estoy contando. Hace poco tiempo tuve la ocasión de leer un reportaje
donde Noruega aparecía como el país que tiene más organizado el tema de la
maternidad. Al respecto, parece que hay una diferencia con el resto del mundo.
Pasando ya a comentar el cuento de Askildsen, lo
que más me impresionó de sus relatos es la sensación de un cierto tipo de condena
que tiene que ver con la violencia que produce la no circulación del amor y del
deseo entre los protagonistas. Por eso quería hacer el paralelo con la imagen
idílica de la Noruega que dibujaba mi amiga. Los protagonistas de Un vasto y desierto paisaje no se
preguntan nada, lo cual produce un gran impacto en relatos tan breves y terroríficos,
donde lo único que subyace es el incesto. A partir de estas premisas, y como éste
es un espacio donde se articulan literatura y psicoanálisis, pienso en la
angustia que produce en el lector la lectura de estos textos. La cuestión es
que no hay posibilidad de cambio para ninguno de los protagonistas. Esa sería la
existencia como condena y, como digo, la condena del desamor y la falta del
deseo.
Y para finalizar, quiero hablar sobre el concepto
de libertad que expresó Santiago Gerchunoff en su intervención. Para mí es una
concepción errónea pensar que ser libre implica la no presencia del otro. Por
el contrario, libre es aquél que puede soportar la diferencia con el otro.
Personajes como los del relato de Askildsen, no entienden nada acerca del
concepto de libertad.
Silvia Lagouarde
Un vasto y desierto paisaje, de Kjell Askildsen. Comentario de Miriam Chorne
Sobre la cuestión del
minimalismo, veo diferencias con Raymond Carver, uno de los representantes del realismo sucio. Aquí, en
Askildsen, se trataría de otro minimalismo, en el sentido de que hay algo de la
historia que está elidido, pero no está ausente. Porque con solo tres frases, por
ejemplo, uno entiende perfectamente las relaciones entre madre e hija y el
desagrado que aquélla muestra en relación a ésta. Y todo es así, nada se cuenta
del matrimonio entre el protagonista y su mujer fallecida, pero se señala la ausencia
de dolor, cuando la gente esperaría otra reacción ante la muerte de su mujer.
En esa ausencia de dolor por la pérdida, lo que subyace es una historia matrimonial
sin necesidad de hablar sobre ella.
También se me hizo patente la
violencia del relato en esos pequeños matices donde se muestran los deseos
incestuosos. Algo que es rechazado categóricamente por la hermana. Una
violencia del protagonista hacia su hermana. También aquí está elidida la
historia entre los hermanos, pero se hace muy evidente la violencia de uno
hacia la otra, una violencia que no tiene su réplica del lado de la hermana. En
este sentido, pensaba que estamos ante un cuento en el que no hay historia,
pero, al mismo tiempo, ésta se adivina, creo, de una manera precisa. Es decir, no
es que lo que no se cuenta está ausente, sino que está sugerido de forma
mínima.
Miriam Chorne
lunes, 18 de noviembre de 2013
LITER-a-TULIA Diciembre 2013
LITER-a-TULIA dedicará su próxima reunión
a la escritora recién galardonada con el Nobel de Literatura
Alice Munro
De su obra hemos elegido el relato titulado
"Amistad de Juventud"
“Siempre pensé que iba a ser novelista. Me decía que cuando mis chicos fuesen grandes y yo tuviese más tiempo para escribir novelas, iba a hacerlo. El cuento estaba puramente determinado por el largo de las siestas de mis hijos Pero después resultó que ésa fue la manera en la que aprendí a escribir y ya no pude hacer otra cosa”. (Alice Munro)
"Amistad de Juventud" es también el título de la colección de relatos que incluye éste en primer lugar, y está editado por Debolsillo (2010)
La cita es el viernes día 13 de Diciembre, a las 18 horas:
Este o Este
Manuela Malasaña 9
-Metro Bilbao-
lunes, 4 de noviembre de 2013
Kjell Askildsen y los libros antipáticos; un artículo de Santiago Gerchunoff
“De la
blandura literaria emanaba, como no podía ser menos, cierto consuelo
existencial...” Rafael Chirbes
Me proponía recomendar este mes a Kjell Askildsen. Toda su obra. Todo lo
que se ha traducido al castellano. Empecé por lo obvio. Que se trata de un
autor noruego, que los capítulos de sus libros son muy cortos, que casi todo lo
que relata sucede en hermosos jardines escandinavos llenos de incomunicación,
vacío y tristeza. Que no se trata en ellos de hambre y miseria, que no hay épica en el dolor que describen. Que
en su literatura hay una continua crítica a la familia, al matrimonio y a la
vida social burguesa. Que quizás sea el último gran escritor existencialista.
Pensé
entonces que con todo eso no estaba diciendo demasiado. Nada sobre la
particular valentía de Askildsen como artista,
sobre por qué me parece tan bueno, por qué deseo que traduzcan toda su
obra cuanto antes. Pensé que habría que ser atrevido y decirlo: que lo bueno de los libros de
Askildsen es que te meten el dedo todo el rato, sino en el ojo, por lo menos en
la nariz y en las orejas. Que sus diálogos
hacen que muchas veces tengas que parar de leer para tranquilizarte un poco pensando que no,
que tu no eres como ellos. Que son libros que te obligan a oler los pedos de
otros como si fueran tuyos.
Supe entonces que no se puede decir nada bonito para recomendar a
Askildsen y me detuve.
Pero, ¿por qué nos gustan los libros antipáticos? La pregunta vale,
claro, no sólo para el caso de Askildsen, sino de toda una gloriosa tradición
que lo precede y lo acompaña, de Baudelaire a Verhulst o Haneke, pasando por
Kafka, Jim Thompson y J.M. Coetzee. Y, más misterioso aún, ¿por qué a veces sentimos
el deber de recomendarlos con más fuerza que a los otros, a los libros bonitos,
a los que nos acarician la espalda resaltando y aumentando la belleza del mundo
y de nosotros los que lo poblamos?
“No hay
nada que pueda impresionarme tan desfavorablemente como el que alguien trata de
impresionarme favorablemente. Los simpáticos me caen siempre antipáticos; los
antipáticos me resultan, ciertamente incómodos en tanto dura la conversación,
pero cuando ésta se acaba se han ganado mi aprecio y simpatía. Ese viajero que
dice “Buenas noches”, al entrar en el compartimiento del vagón; que apenas alza
los ojos, sin interés alguno, a la comparecencia de viajeros nuevos, que no
vuelve a despegar los labios hasta llegar a su estación, para decir: “Que
tengan ustedes un buen viaje”, suscita en mi la convicción –probablemente tan
arbitraria como injusta- de que en un choque o un descarrilamiento se portaría
del modo más heroico y más socorredor, mientras que el dicharachero, que no ha
parado en todo el viaje de hablar y reír, de entablar relación con todo cristo,
y no digamos si -¡horror!- hasta contando chistes por añadidura, me impone, en
cambio, la más absoluta certidumbre de que no podría dar, en igual trance, sino
el más bochornoso espectáculo de histeria y cobardía. La simpatía es un
arcaísmo de quienes creen, quieren creer o necesitan fingir que hay todavía un
medio, un ámbito de vida pública, en el que los hombres pueden allegarse en
algún grado, de manera directa y espontánea, los unos a los otros. La antipatía
es resistencia y repugnancia a simular y escenificar –abyectamente- un mundo
que no existe.
Vendrán más
años malos y nos harán más ciegos, Rafael Sánchez Ferlosio, p. 14.
Quizás es eso, que los libros antipáticos, los libros de Askildsen, los libros de Ferlosio, nos transmiten una “arbitraria e injusta” certeza de su
dignidad moral: sabemos que en los días duros, en los días de descarrilamiento,
cuando de nada nos valga el consuelo existencial de la blandura literaria,
serán ellos los únicos –estoicos- que se la jueguen por nosotros, sin miedo a
acercarnos al espejo, sin miedo a susurrarnos lo que somos o lo que podemos llegar a ser.
Bonito, ¿no?
Las cuatro obras de Kjell Askildsen traducidas el castellano son “Últimas
noticias de Thomas F. para la humanidad”, “Los perros de Tesalónica”,
“Un vasto y desierto paisaje” y “???”. Todas han sido editadas por
la editorial Lengua de Trapo. Las tres primeras están reunidas también en
edición de bolsillo en un volumen titulado “Todo como antes” editado por Ediciones
Debolsillo.
Los perros de Tesalonica, su
libro más famoso, es una secuencia de relatos cortos sobre la vida matrimonial.
La crítica más fría y despiadada de la vida en pareja. En cada relato la
superficialidad y la angustia parecen conducir a los personajes hacia un
abismo, hacia una quiebra o giro que la banalidad y la hipocresía terminan
siempre posponiendo.
Pero su libro más brillante es, Últimas
noticias de Thomas F. para la humanidad. La idea es presentar las últimas entradas del diario de
un viejo escritor jubilado en los días o semanas anteriores a su muerte. Se
trata de relatos cortos de episodios cotidianos de una vida ya puramente
inactiva, ya meramente contemplativa, de una vida reducida a su mínima
expresión. Pero la contemplación de Thomas
F. es una contemplación crítica y rabiosa, de un escepticismo orgulloso e
infatigable. El encuentro con una hija,
con un hijo, con una enfermera, con su hermano o el paseo hasta un café,
sirven al lector para conocer la rebeldía del narrador, su resistencia a todo
sentimentalismo o impostura social. Quizás lo más extraño y conmovedor del
libro sea su significación ambigua de la soledad. Por un lado, de entrada, da
pena lo sólo que está ese viejo, viudo y que pasa la mayoría de los días sin
salir de casa. La soledad parece su condena, el veneno en el que se ahoga. Y,
sin embargo, por los pocos y esporádicos encuentros que tiene Thomas F. con otros seres, el lector se
convence que la soledad es el único bálsamo, el último reducto de la libertad.
Santiago Gerchunoff
lunes, 28 de octubre de 2013
José María Merino, Premio Nacional de Narrativa 2013
Constituye una enorme alegría para Liter-a-tulia recibir la noticia de que el escritor D. José María Merino – en dos ocasiones contertulio de nuestro espacio— acaba de ser galardonado con el Premio Nacional de Narrativa por su última novela El río del Edén, a la que dedicamos la sesión de Febrero de 2013, y donde el autor nos deleitó con su extraordinaria locuacidad y saber literario.
Desde aquí queremos enviarle nuestra más sincera felicitación, tanto por parte de los organizadores como por parte de tantos y tantos tertulianos, con quienes tuvimos el privilegio de disfrutar de su presencia en esas dos memorables tertulias en las que D. José María nos brindó su apreciada amistad.
Litera-a-tulia
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