sábado, 28 de diciembre de 2013

Amistad de Juventud de Alice Munro. Comentario de Silvia Lagouarde

Respecto a la cuestión del Premio Nobel concedido a Alice Munro, me dio una gran alegría saber que se le había concedido a una mujer. A partir de ese momento leí un poco sobre su vida. Y pensé que era increíble cómo una mujer como ella, nacida en una granja perdida de Canadá, con una religión presbiteriana y protestante fortísima, con tres hijos, haciendo pasteles, atendiendo al marido y a los niños, se pusiera a escribir en el tiempo de la siesta. Me pareció admirable e increíble en una mujer sin currículum. Uno está acostumbrado a que los premios Nobel recaigan sobre alguien extraordinario. Y por qué no hacer que todo este esfuerzo, esta tenacidad y esta no resignación tengan su premio.


En sus textos pareciera que habla sobre mujeres resignadas. Pero ella se ha revelado a su destino y ha logrado el Premio Nobel. Y a pesar de que no es Chéjov, se merece el premio Nobel por ser mujer y haber dedicado una vida entera a la escritura con todos los problemas que tuvo que haber sufrido y el miedo que tuvo que haber pasado, pues dice que escribía escondiéndose. Supongo que se arriesgaría a que la gente dijese, que ridícula esta tarada que se dedica a la escritura. Era el concepto que se tenía de las mujeres. Y bueno, haber logrado esta meta y poder decirle a las mujeres, miren, yo con tres hijos, haciendo pasteles, soy un premio Nobel, me parece una buena postura política por parte de la Academia. Por más que pueda ser un poco paternalista, creo realmente que ella ejemplifica a muchas mujeres que no tienen ningún tipo de reconocimiento. En este campo, insisto, creo que es afortunado, por parte de la Academia, haberle otorgado el premio a esta mujer.

Silvia Lagouarde

Amistad de Juventud de Alice Munro. Comentario de Beatriz García

Me ha hecho gracia lo que decía Graciela, la perfecta budista. A mí, Flora se me parece a uno de los personajes de Unamuno, La tía tula, mujer que se dedica al cuidado de los hijos de su hermana muerta y del marido, con una tensión evidente entre ambos, y ella diciendo siempre no ante los intentos de su cuñado, enamorado de ella. De manera que acaba arrojando al cuñado en brazos de una sobrina jovencita.

El relato de Munro me gusta mucho. Estamos ante un personaje, el de Flora, del que no se sabe si está situada en esa arrogancia religiosa de la pureza, por encima del sexo. Hace unos días pasaron La tía tula por TV, y en los comentarios intervino una feminista haciendo la lectura de que estábamos ante una mujer liberada que no quería someterse al varón. Es una lectura posible, pero me pareció curioso, porque creo que en la historia de Unamuno hay algo de la represión. Pero también pensé que, en cierto modo, aquí también se podría pensar en una mujer que, aunque todo el mundo pensara que deseaba casarse, quizá no fuese así. O también puede pensarse lo que ya se planteó en la tertulia, que ella se dedica a ver lo que pasa.

En cualquier caso, lo particularmente bueno del relato es que la historia es utilizada por la narradora para hablar de la relación con su madre. Es el juego de un relato dentro de otro con una historia fundamental, la relación que la madre tenía con el sexo, relación que la hija percibe con nitidez. Es la piedra que encuentra en la relación con su madre, ese rechazo del sexo que incomoda a su hija, la narradora.  

Me pareció encontrar una clave del relato en su final. Es cuando se imagina el encuentro con Flora, viviendo una vida distinta, tranquilamente en la ciudad, haciendo cosas. Allí se ve diciéndole a Flora: “yo la conozco”. Es el momento en que Flora la miraría con cierto aburrimiento, como manifestando su cansancio acerca de la idea trasmitida por la madre. A continuación dice: “Por supuesto, es en mi madre en quién estoy pensando”. Y unas líneas más adelante: “Mi madre me sorprendía”.

Estas frases me parecen claves del relato. Ese sería el deseo que contiene el sueño, el deseo de ser sorprendida por una idea distinta de su madre y poder librarse del fardo de una relación problemática con ella. Me recordaba lo que sucede en un psicoanálisis, la idea de que uno tiene los padres que, al fin y al cabo, construyó. Construcción que a la protagonista le pesa, de manera que arrastra el deseo de librarse de esa madre que ella conocía y anhela ser sorprendida por otra madre distinta. Es la clave de mi lectura.


Beatriz García.

La relación con el saber. Comentario al cuento Amistad de Juventud de Alice Munro

Una cuestión me resultó muy significativa en este relato: lo escurridizo del saber. Es un cuento formado por muchos materiales, comenzando por el sueño, siguiendo por lo que le contaron, por lo que ella imagina, por lo que ha escrito, por lo que otros han escrito en el comienzo de las cartas, etc. Y con todos esos materiales va pergeñando lo que sabe, lo que quiere saber de los otros, pero no consigue nada completo, no consigue terminar nada. Creo que esto se parece mucho a la relación que tenemos con el saber, en relación al cual siempre hay algo que no podemos aprehender. Es la perla que encontré en la lectura de este relato de Alice Munro. 

Amistad de Juventud de Alice Munro. Comentario de Silvia Lagouarde

Todos estamos un poco de acuerdo en que esta es una escritora menor. Entonces, cómo podemos fundamentar esta hipótesis en este relato. Es una pregunta que me hice cuando lo leí, aunque esté encantada de que la Academia le haya otorgado el Nobel. Justamente, porque en esta escritura no se puede dejar en el vacío literario lo que pasa entre Robert y Flora. Es imposible que no pase nada. Es decir, una hermana psicótica, “ingenua”, Flora preparando la boda, y se produce el embarazo de Ellie por Robert. El embarazo de una chica “inocente”. Porque nos imaginamos que en su locura es una persona inocente, y suponemos que el hombre estaba lo suficientemente preparado psíquicamente para decirle que no. Estamos ante un drama, y una buena escritura no puede pasar eso por alto diciendo simplemente que se casaron y tuvieron un hijo. No puede ser. Eso también lo escribo yo.

Es decir, en este punto el relato da un salto mortal. Esto no me parece de una buena escritora, sino de una escritora menor. Esto es lo que quería fundamentar. Me parece un relato preparado para una novela. Es como si fuese una síntesis de una novela que Alice Munro no pudo escribir, porque quizá no pueda ahondar en la tragedia humana.


Silvia Lagouarde

Amistad de Juventud de Alice Munro. Comentario de Jesús

En primer lugar quiero decir que esta mujer, Alice Munro, viene de una familia que tenía unos conocimientos. De hecho, ella dice que muchas de sus historias han sido escritas por sus familiares, su padre, su hermana. Parece ser que tenía una fuente de inspiración, por decirlo así, y posiblemente este cuento sea una de esas historias que ella ha cogido de su familia.

Y efectivamente, como tan bien planteaba Gustavo, creo que de ciertas cosas no se habla. Hay una señora en mi pueblo, beata, de la que nos reíamos cuando éramos muy niños. Vestía siempre una falda negra que le llegaba hasta los tobillos, parece que no se la quitó en toda su vida. Iba todos los días a misa, y se encargaba de arreglar y adornar al Santo que se sacaba en procesión. No me imagino a esta señora contándole ciertas cosas a su hermano pequeño, y no me imagino contándole ciertas cosas porque, seguramente, eran cosas que no se podían contar. Por supuesto, no se casó jamás.

Flora me ha recordado mucho a esta señora. Encuentro que en algunas cosas de su vida es admirable. Pero me parece que en la relación con los hombres, no es que elija no tener una relación con ellos. Es una impedida. Sencillamente, no puede. ¿Por qué no puede? Eso no nos lo dice el cuento. Pero es curioso que no haya una conversación de Flora respecto a este Romano de La casa de Bernarda Alba, este Robert. Yo pienso que la autora, sencillamente, lo deja de manera intencionada para que nosotros hagamos el diálogo. Nosotros tenemos que hacer el diálogo con el cuento. No la autora. La autora no nos propone otra cosa que un diálogo con el cuento. Y me parece admirable que la literatura proponga las cosas de tal manera que cada uno pueda hacer su propio diálogo respecto de una determinada escritura.

En este sentido, el autor que nombraba Ignacio Castro, Richard Ford, o este conjunto de escritores del llamado realismo sucio, en realidad, como se nos decía en la anterior tertulia, muestran, no cuentan. Esta mujer tiene un poco de esto, es moderna en ese sentido. Y creo que se gana el Nobel muy merecidamente.

Y es que estamos ante un cuento, desde mi punto de vista, que a la hora de enjuiciarlo hemos de tener en cuenta que está desarrollado en muchísimo tiempo, lo cual permite una narradora omnisciente, y por otro lado, una narradora personal. Son las dos historias de las que llevamos hablando prácticamente todo el tiempo. Y como lo hace con tanto tiempo, resulta que no necesita hablar de cosas de muchísima interioridad. Habla de cosas que han pasado, de manera que es la acción la que está moviendo. No es la psicología interna del vamos a contar lo que pasa por dentro de las personas. Lo que hace es todo lo contrario, contar lo que ha pasado. Flora se va con el caballo, qué guapa estaba, y así prácticamente todo el relato. Excepto al final, cuando ella, que hace de narradora de su propia historia, se mete un poco más en honduras personales e íntimas. Concretamente habla del personaje de Robert, todo el cuento presente pero que no aparece apenas.

En este sentido, creo que utiliza muy bien el tiempo, este juego literario que consiste en mostrar, sencillamente mostrar las cosas. Pero además, las muestra maravillosamente bien, porque sin los cameronianos, desde mi punto de vista, este cuento no tiene sentido. Son ellos los que ponen los límites al conjunto de cosas que pueden pasar. Ponen los límites a la casa, una casa sin electricidad, son los que ponen los limites a lo que se puede hacer, únicamente el domingo se pueden hacer cosas que no sean de trabajo, pero en el resto del tiempo tienes que hacer cosas de trabajo en un plan muy de Séneca, no encuentro exactamente otra palabra.

Quiero decir que esto, Alice Munro lo hace magistralmente bien. No puede contar. Hay cosas de las que no se habla, y en la vida real es así. Pero qué maravilla que no se hablen y, sin embargo, las cosas que aquí, después de un tiempo, hemos hablado y adivinado. Y yo creo que todas estaban en el cuento.

Jesús

Amistad de Juventud, de Alice Munro. Comentario de Ignacio Castro

Parte de las cosas que se han dicho aquí no las entiendo, incluyo en ello algunas de las que yo mismo he dicho. Pero hay una cosa muy sencilla, hay literatura porque la mundialización es una patraña abominable. Es decir, el mal local, el mal de vivir aquí y ser yo, jamás pasará a la historia. Hay Literatura por esta cuestión. Y por tanto, la hay para, en vez de lo que hace la mundialización, que es sobreponer un bien al mal, sacar un bien del mal, y tutear al mal. En ese sentido, me parece que siempre que hay literatura, hay un amor estúpido que le da lo que no tiene a quien no lo ha pedido. Convierte en santo a cualquiera. La inocencia me parece el colmo de lo afrodisíaco, me suenan bien los personajes que rozan esta especie de beatitud laica o religiosa que linda con la estupidez, que es una buena señal para la literatura.

Después, hay literatura cuando alguien, en este mal local que no tiene traducción posible en el orden mundial, ha pasado una temporada en el infierno, y si no, no la hay. Entonces, todos los razonamientos que llevan a una persona a dibujarla como encantadora y que la hacen deseable para cenar con ella –al parecer esta mujer— no tienen nada que ver con la literatura. Las escritoras que vale la pena leer son abominables para los cercanos. No creo que fuese agradable cenar con María Zambrano, o con Clarice Lispector. Así sin más no sería posible, quizá con pastillas, y sobre todo con voluntad y amor propio, pero no creo que sin más, hacer un desayuno con estas mujeres sea sencillito, porque han pactado con el diablo y saben mucho de él.

Esto creo que tiene algo que ver con la literatura que perdura. Que haya una persona, de uno u otro género, que sea encantadora, vale para tomar pastelitos y café con leche. Lo que falta es lo otro. Hay literatura para que la estupidez local, de alguna manera se redima desde dentro, sin necesidad de operarse las jorobas. En este sentido, no entiendo lo de la literatura hecha por mujeres para mujeres. Admiro profundamente a las escritoras que nombré, las adoro, profundamente patológicas. María Zambrano, Clarice Lispector, no escribían para mujeres, es más, no escribían como mujeres, es más, dudo que fueran humanas mientras escribían.


Ignacio Castro

Amistad de juventud, de Alice Munro. Comentario de Luis Teskiewicz

Yo no voy a juzgar si Alice Munro merecía el Nobel, porque el cuento es lo único que leí de ella. Pero creo que quien la comparó con Chéjov le hizo un flaco favor, pues éste es uno de los más grandes cuentistas que existieron nunca. Pero es sin duda un mérito muy grande el que tiene este cuento. Hace horas que estamos hablando de él, y lo hacemos admitiendo que esta es una realidad, que Flora ha existido, que la narradora nos está contando una historia que le contó su madre y que la narradora es la escritora, cuando sabemos que es un personaje más allá de lo que haya tenido que ver con su biografía, es la historia que está narrando, lo cual quiere decir que tiene un mérito sin duda en ese sentido.

Por otro lado, está todo en relación con la madre, un diálogo, yo diría, en buena medida, en torno a la sexualidad. Ella dice en un momento Robert “se lo hizo” a Ellie, o “se lo hizo” a Atkinson, y ese “se lo hizo” no lo hubieran dicho su madre ni Flora. Hace entrar ahí aquello de lo que no se puede hablar en ese universo que describe, que no sé si es cameroniano o no, porque por momentos se dice que las particularidades de Flora exceden las exigencias de la religión.

De cualquier manera, hay tres versiones de Flora. La más extensa es la que la narradora cuenta y que parece ser la versión de la madre, donde Flora es la mujer que goza en su abnegación, y donde nunca se hace jugar un papel a Robert en la escena; en la otra escena está su pelea con la madre, donde aparece la Flora sobre la que ella piensa escribir, y en la que se presenta en otra vertiente, pues se posiciona en un goce sadomasoquista y, de algún modo, aparece como un personaje demoníaco; y está finalmente una Flora que tiene que ver con que pasan años, para la narradora también, y que es una Flora que ella imagina como una mujer más autónoma, más independiente, que incluso podría hasta tener una relación con un hombre. Es una Flora que aflora.

Luis Teskiewicz 

jueves, 26 de diciembre de 2013

Reunión LITER-a-TULIA Enero 2014

Para la primera reunión del nuevo año, LITER-a-TULIA tiene el placer
de contar con la presencia de la escritora Carmen Botello.
Charlaremos con ella acerca de uno de sus relatos,
 en concreto el que lleva por título 
"La Vengadora",
y de otras cuestiones que surjan alrededor de su relación con la escritura.


La autora gentilmente nos ha enviado el archivo del cuento "La Vengadora"
y que adjuntamos en el envío de esta convocatoria.
Para aquellos interesados en otros relatos de la escritora,
"La Vengadora" está incluido en la colección de relatos titulada "Otras Ofelias"
que puede adquirirse en formato ebook en la página de la Editorial El Nadir:

Viernes 10 de Enero, 18 horas
Este o Este, Manuela Malasaña nº9
Metro Bilbao

LITER-a-TULIA quiere aprovechar esta ocasión para felicitaros
 por este nuevo año que en pocos días nos disponemos a comenzar, 
deseando que 2014 esté plagado de felices lecturas.
¡Feliz Año nuevo!


www.liter-a-tulia.blogspot.com

jueves, 12 de diciembre de 2013

Mª José Martínez nos envía su reseña del cuento de Munro, "Amistad de Juventud"

En esta fría tarde de diciembre, tarde de viernes literario, nos encontramos con Alice Munro en nuestros lugares comunes de la tertulia habitual, observando la casi inexistente tradición oral entre madres e hijas, acerca de los misteriosos caminos del amor. Será a partir del relato Amistad de Juventud, donde veremos cómo la hija quiso entender a la madre y también aprender algo de la vida a través de lo que ella misma le contó. 

Parece ser que la madre había muerto cuando ella tenía veintidós años y como quería seguir hablando con ella y pedirle disculpas por no haberla atendido demasiado, la soñaba en un sueño tan bello que el sueño se interrumpía. Tal vez el sueño era inexacto porque contenía mucho de sus buenos deseos y también algo de realidad, ya que a veces la madre aparecía en un hotel muy elegante y ajeno a lo que fue su vida, cambiando aquella realidad por una ficción que no sabemos muy bien hasta donde alcanza. Tal vez la hija quería recuperar a la madre idealizada pero observa que precisamente ha olvidado lo más bello de ella, quedándose su memoria consciente con lo mas oscuro e inútil. Y es que la chica retiene lo más dañino que es de lo que se queja, lo que rechaza y lo que le causa problemas, deseando resolver todo aquello por pura necesidad de supervivencia. Desde este punto de vista, desde esta perspectiva negativa, es desde donde se nos habla. 

Su madre había ido a trabajar de profesora a la escuela de Grieves en el valle de Otawa y según la costumbre, la maestra debía alojarse en la granja a la que la escuela pertenecía. Y para hacernos ver que allí todo era raro, su madre decía que la madera vieja se volvía negra, el jarabe de arce sabía rarísimo y los osos deambulaban a sus anchas por delante de las casas. Y si había conductas extrañas, su madre las achacaba a la religión cameroniana de sus habitantes; el caso es que, en aquella extraña familia compuesta finalmente por dos hermanas y un hombre, todo se desarrollaba alrededor de la frase ...”él le hizo eso a”... , frase elemental con la que los niños, siempre ignorantes de la relación hombre-mujer, tratan de explicarse. Y el hecho al que alude esta frase, pasa en el relato con cierta facilidad de una a otra hermana, de forma que la boda de Flora, la que se suponía enamorada del hombre siempre mudo, queda pospuesta por los raros manejos de la hermana que parecía más ajena al tema pero que acaba quedándose embarazada y teniendo que casarse por obligación. Flora seguirá en la casa en el absurdo papel de postergada, pero a causa de la enfermedad de su hermana, que ha perdido al niño, estará muy cerca del hombre en los trabajos diarios de la granja, en tanto le lee a la hermana unos horribles libros que son el rencor oculto. Y entonces se me ocurrió pensar en Bette Davis, porque alguna de las dos hermanas, o las dos, actuará como malvada en la sombra, cosa que la Davis hacía de maravilla. Pero, cines aparte, si cualquiera de las dos hermanas se nos antoja rara, comprenderemos algo su actitud a través de la superstición, la docilidad y silencio que aquella religión y las rancias costumbres enseñaban, o bien a partir de la necesidad física de cada una que, como en La casa de Bernarda Alba, vemos que existe entre las mujeres. En todo caso nos dice la autora, “los elegidos están ocultos bajo la paciencia y la humildad, e iluminados por una certeza que los acontecimientos no pueden perturbar”. Y esto, amigos, es lo más grave, esa certeza que nunca cede a la tentación de dudar y a la tentación de saber. Tal vez porque eso sería una “tentación”, precisamente. 

La curiosidad es muy mala, nos decía un jesuíta en los “retiros espirituales” que nos daban en el Instituto Femenino de Enseñanza Media de La Coruña. ¿Sería mejor la ignorancia?, pensaba yo desconfiando mucho de aquellos consejos. Eva fue curiosa –seguía el cura-, quiso saber qué era aquello del árbol de la Ciencia, y así pasó lo que paso. Y bueno, pensaba yo con algo de risa, alguien se comió una manzana. Pero seguramente el cura hablaba de otro tema y así, en una absurda ignorancia de las cosas y de las personas, pasaba la vida de aquellas dos mujeres del relato siempre girando alrededor de un hombre, acechándolo en la oscuridad, en la más absoluta oscuridad de las palabras que no de los sentidos. Y es que cuando el ideal religioso o las convecciones sociales se imponen frente a la Vida, alguien rompe esas reglas y sale por donde puede. Entonces todo se vuelve mucho más siniestro y oscuro de lo que debería ser. 

Más tarde aparece en la historia la tercera mujer, la estirada enfermera Atkinson, mujer decidida, moderna y calculadora que ya conduce el coche y su propia vida. Ella será la segunda esposa del hombre que no opina, del que no habla, del que sólo hace “eso”, el que se aprovecha de ellas en tanto que la hermana más dispuesta y virtuosa, porque según la madre rechazaba el sexo, sigue girando alrededor del hombre que pinta y ordena la casa a las órdenes de las mujeres, según la ocasión, porque todas ellas querían estrenar algo. 

Pero aparte de esta “virtud” tan dañina en la que cree la madre y que lleva a Flora a la soltería más atroz, yo pregunto a la concurrencia: ¿es realmente así como las mujeres influyen en la vida de los hombres? ¿No toman ellos alguna decisión? ¿O es que son ellas las que siempre deciden con quién quieren acostarse y cuándo quieren hacerlo? Tal vez haya algo de eso y aún así es curioso observar cómo este hombre es un D. Juan al revés, el hombre que, rodeado de un halo de misterio y oscurantismo, se deja caer en las redes que le tienden las mujeres. Quién sabe: quizá la hermana más virtuosa disfruto del hombre muchos años sin pasar por las molestias de una boda. 

La heroína de esta historia nos comenta lo que su madre le había querido aclarar sobre Flora de la cual realmente no sabe nada. Tampoco pudo sacar las consecuencias que deseaba y a la hermana que su madre ve como una “dama soltera”, ella llama bruja presbiterana. Ella pone el foco de su incredulidad en ese hombre asombrosamente mudo al que parece que cualquier mujer le vale y que sólo se deja llevar. Y están bien puestas las dudas y las preguntas, no en vano la hija pertenece a otra generación y no acepta aquellas explicaciones tan convencionales de la madre, porque en realidad ya necesita “otro hombre”. Ella quiere recuperar la madre idealizada y también rebelarse y romper con su mensaje, pero no puede. La hija está dentro de un sueño que sumado al normal apego materno no es fácil de abandonar, el mismo sueño en que su madre le dice que no estaba tan enferma y que ella no era acreedora de tanta culpa. Terrible dilema desconcertante y somnoliento que deja triste a la chica y a nosotros con más dudas que antes. 

Todos los hijos desean que sus padres sean para ellos una plataforma muy alta desde donde lanzarse al mundo, pero esto es imposible porque todos somos hijos. Tal vez ella repita, en parte, el antiguo esquema de su madre, porque en el relato el padre también está ausente. Y volvemos a formularnos la pregunta: ¿es que los hombres no deciden nada en la vida de las mujeres? 

Ella, que ya notaba en sí otras tendencias vitales, deseaba un mejor conocimiento sobre las personas, algo que le aclarase aquellos hechos consumados porque lo que las hijas desean conocer, son las auténticas razones, las razones de fondo para ver si es posible el encuentro, para poder conocer al “otro” de nuestra vida y acceder al misterioso recorrido convergente sin perderse, si es que ello es posible. Y como parece que sobre eso no hay palabras, al menos en el texto, la chica se rebela aunque sea con palabrotas, como ella misma dice, pues aquí, más que nunca, faltaron las buenas palabras que casi nunca se manejan tal vez por un raro pudor, las bellas y hermosas palabras que habrían de guiarla por los difíciles caminos del entendimiento humano.

Mª José Martínez

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Recordatorio cita LITER-a-TULIA diciembre 2013

Este próximo viernes, día 13 de Diciembre,
LITER-a-TULIA despide el año con la reunión dedicada a
Alice Munro
de la que tomaremos su relato
Amistad de Juventud

Su hija Jenny recogiendo el Nobel en la ceremonia celebrada ayer.

"Si lees muchas obras de Alice Munro con atención
antes o después en alguno de sus relatos te verás cara a cara contigo mismo;
ese es un encuentro que siempre te deja zarandeado,
con frecuencia transformado, pero nunca destrozado."
(Peter Englund, secretario de la Academia Sueca)

Restaurante Este o Este
Manuela Malasaña 9, 18 horas
-Metro Bilbao-

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Huida hacia la soledad. Comentario de Santiago Gerchunoff sobre el relato Un vasto y desierto paisaje, de Kell Askildsen

Muchas gracias a los responsables de Liter-a-tulia por invitarme a abrir esta tertulia. Alberto Estévez me presentó como librero, y es que me pagan por vender libros. Estudié filosofía, pero no me sirvió de mucho, diría Askildsen. No sé si leyeron el texto que envié al Blog Liter-a-tulia. Era un texto elaborado hace ya algunos años. Pero ahora, desde que soy fan de Askildsen, puedo ponerlo como paradigma del tipo de literatura que prefiero. En ese artículo situaba al autor como uno de los escritores antipáticos, y a sus libros también con el mismo calificativo. Trataba de mostrar, también, una problemática del librero, que más allá de lo que le guste y de cuál sea su paradigma literario, normalmente se dedica a recomendar libros. Y recomendar a un autor como Askildsen es problemático. Si ustedes acuden a la solapa de los libros, encontrarán en ellas un festín delicioso, pues hay que buscar palabras para vender. Pero la cosa se complica cuando se trata de escribir sobre cosas horribles, sobre relaciones sociales fraudulentas en las que no hay más que una red de pequeñas cárceles que se concatenan, y que todo lo demás es mentira. Esas son cosas difíciles de vender. Y ocurre que, además, la mayor parte de la gente que entra en una librería y pide una recomendación, busca exactamente lo contrario. Pues bien, en el comienzo de esa reseña que envié a Liter-a-tulia, situaba una cita de Rafael Chirbes –al que también incluiría, sin duda, en esta lista de escritores antipáticos— en la que dice:

De la blandura literaria emanaba, como no podía ser menos, cierto consuelo existencial

Me gusta esta cita. Está incluida en una nota de un libro de Chirbes que se llama La buena letra.  Aclara en ella que en esta edición del libro elimina un capítulo que se encontraba en otras ediciones. Era un capítulo que cerraba el libro con una circularidad mentirosa, decía él. Después de hacer pasar al lector por situaciones horribles –como siempre ocurre en Chirbes— devolvía al lector a un presente consolador. Y decía que eso, justamente, es lo que arruina la literatura. A él le interesa la literatura que huye, precisamente, del consuelo existencial.

Cuando escribí el libro me pareció que, por respecto al lector, al final de la novela debía devolverlo al presente narrativo del que lo había hechor partir. Por ello, puse ese capítulo que aparecía en anteriores ediciones… Había algo de voluntarismo literario en tal propósito, cierto criterio de circularidad… Pasado el tiempo, me pareció que el libro no necesitaba de ninguna circularidad consoladora, que al haber añadido ese final había cometido un error de sintaxis narrativa, más grave aún por la filosofía que venía a expresar… que el tiempo acaba ejerciendo cierta forma de justicia… poniendo las cosas en su sitio. De la blandura literaria emanaba, como no podía ser menos, cierto consuelo existencial

Eso se podría aplicar perfectamente a Askildsen. Es un autor que, continuamente, huye de darle al lector la posibilidad de consolarse. No hay ningún momento de consuelo respecto de las críticas que hace. Críticas que deja como cuchilladas sin restitución, sin algo que se vuelva un orden.  

Ese es el tema de los libros antipáticos. Uno quiere recomendarlos porque le gustan, pero es difícil de hacer. Hay otros libros buenos que también quiero recomendar, pero los del estilo de Askildsen te imponen un impulso especial. Al respecto, encontré una cita de Sánchez Ferlosio. En ella trata de entender por qué uno tiene un respecto especial por estos escritores antipáticos, más que por los simpáticos. Su tesis es que detrás de esa antipatía hay dignidad moral. La simpatía sería una construcción falsa que, en realidad, sería desenmascarada en cualquier situación trágica donde el personaje tuviera que implicarse realmente. Pone el ejemplo de un viajero de tren que entra en el vagón y se sienta a tu lado. No dice nada y apenas saluda. Considera Ferlosio que ese personaje, generalmente, es mucho más digno que el que entra y se pone hablar de forma dicharachera. Se imagina entonces que el tren descarrila. Ahí se vería que el antipático, sin duda, se arrojaría a salvarlo a uno, mientras que no espera nada del simpático, más que salga corriendo el primero.  

Esto remite, tanto en Ferlosio como en Askildsen –aunque no hablan de ello— a un fundamento filosófico de sus textos, concretamente, a la filosofía práctica de Kant. Se trata de la figura que encarna la única posibilidad de acción con un valor moral. Es el personaje que actúa, no sólo conforme al deber, sino por deber. Es decir, no lo hace por gusto, porque es antipático, pero en Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant se pone muy divertido y empieza a dar ejemplos de personajes sobre los que realiza caracterizaciones psicológicas. Ahí se ve muy bien que para Kant, el único ideal moral existente en la tierra es ese tipo justo, ese señor cascarrabias que no tiene ningún cariño, ningún amor por la persona a la que se ve obligado a ayudar. Podemos derivar de ahí esta cuestión de los libros antipáticos que transmiten la sensación de que, en realidad, son los únicos que tienen dignidad.

Y Askildsen es un escritor del desconsuelo, alguien que huye de darle consuelo al lector. Es lo que planteaba en el comienzo de mi intervención. Creo que en los libros de Askildsen se trata de mostrar que todas las relaciones sociales, todas, son fraudulentas, y todos los personajes están en una continua huida hacia la soledad. De tal manera, la soledad aparece como única esperanza de algo parecido a la libertad. El fundamento de la escritura de Askildsen sería el ideal de libertad. Lo que pasa es que la sociedad real, nuestra sociedad, aparece retratada como un conjunto de cárceles. De ellas, el individuo intenta huir hacia la soledad. Pero es un intento de huida muy poco épico. No se trata de grandes gestas. Esa huida hacia la soledad consiste en salirse afuera y fumar un cigarrillo; mentir diciendo que a uno le duele la cabeza e irse a dormir un rato para no hablar con su mujer.

Quiero decir que la literatura de Askildsen está plagada de estos momentos, no de grandes momentos épicos, ni de grandes gestas. Narrativamente se dice que es minimalista. Es verdad que tiene eso que los americanos llaman el Show Don´t Tell, el intento de apostar por mostrar pero no contar. O lo que es lo mismo, uno ha de entender lo que ocurre en las escenas, lo que hay detrás de ellas, por cosas que imagina, no por lo que ve. Pero en Askildsen encontramos una descripción psicológica que, justamente, lo que evita es lo minimalista.

Es decir, Askildsen habla todo el rato de lo que sienten los personajes, pero sin explicarnos de dónde vienen. No hay historia, sino mucha desnarrativización. Entiendo que las situaciones no vienen explicadas con una historia, las sensaciones de los personajes son un puro presente, una cuchillada sin que intervenga mucho el sentido.

Por ejemplo, una de las estructuras sociales sobre las que más incide es el matrimonio. Uno de sus objetivos es esa vida matrimonial de la que habla continuamente. Y el matrimonio aparece como una cárcel. Pero en ningún momento explica que un personaje haga algún razonamiento del tipo “¡Cómo me equivoqué! En realidad lo que yo debería haber hecho es estar solo, mi matrimonio es un camino errado”. Sus personajes parece que están condenados, o por lo menos, no disponen de ninguna vía emancipatoria, ni de ningún pasado previo en el que hayan tomado esa decisión. No hay una historia que explique lo que está sucediendo. Están ahí, casados, viviendo en esa amargura y en ese intento continuo de escapar de la estructura que han aceptado y en la que están metidos, siempre intentando huir hacia la soledad.

Pero a su vez –y por eso no es un escritor del consuelo— no aconseja no casarse. No es que critique el matrimonio, que éste sea una estupidez y por lo tanto aconseje no casarse. Sólo plantea que de hecho, en cada situación, los personajes van a estar, continuamente, huyendo hacia una soledad que, por otra parte, no va a ser ningún consuelo.

Respecto del matrimonio, detecté tres o cuatro textos cortos, distintos cuentos muy parecidos y que tratan lo que estoy diciendo. En ellos, el matrimonio es la cárcel de la que se intenta huir hacia una soledad que no salva. Al respecto, les recomiendo un relato que a mí me gustó mucho, se llama Últimas notas de Thomas F. para la humanidad. Son las notas de un escritor jubilado que, justamente, es el tipo de las descripciones de Kant, con valor moral pero antipático, que no quiere a nadie, ni a sus hijos, ni a su mujer, pero tiene una actitud recta en su forma de analizar y razonar. Es algo repugnante pero, al mismo tiempo, muy digno. Uno de los capítulos empieza así:

Cuando mi mujer todavía vivía, creía que cuando ella muriera yo tendría más espacio para mí. Sólo su ropa interior ocupa tres cajones de la cómoda, pensaba. Cuando muriera, podría ocuparlos yo, uno con mis monedas de cobre, otro con las cajas de cerillas, y el tercero con los corchos. Tal como está ahora, pensaba, es un caos total. Mi mujer murió hace ya mucho, era una mujer exigente, que descanse en paz. Por fin me la concedió a mí. Vacié los cajones, las estanterías y los armarios, retiré todo lo que había sido suyo y gané mucho espacio libre, más de lo que necesitaba. Pero lo vacío, vacío está. Me deshice de un par de armarios, pero sólo conseguí una habitación más vacía en lugar de dos armarios vacíos. Fue una imprudencia por mi parte, pero ocurrió, como ya he dicho, hace mucho tiempo, y yo era mucho más joven entonces

Parece que ahí cuenta perfectamente lo que trataba de plantear. Askildsen no explica, pero da como obvio que el que lee está entendiendo. Lo terrible es que todo el tiempo está esperando quedarse solo. Lo que ocurre es que, cuando se queda solo, ve que eso tampoco soluciona nada. Diciéndolo un poco poéticamente, lo que se encuentra en la soledad, al fin y al cabo, no es más que un vasto y desierto paisaje.

Santiago Gerchunoff

Intervención de Santiago Gerchunoff posterior a las intervenciones de Silvia Lagouarde y Miriam Chorne, incluidas más abajo en la serie de intervenciones.

El minimalismo está operando continuamente a lo largo del relato. Lo que pasa es que la sugerencia, cuando está bien hecha, opera en mil direcciones, no opera en una idea escrita, sino en una idea que está ausente todo el tiempo.

Quería comentar las intervenciones posteriores a la mía, que a mí me generaron inquietud. Entiendo bien la articulación entre literatura y psicoanálisis, es muy interesante ver cómo se aplica una teoría para analizar un texto. Pero para mí es fundamental, en la manera que tengo de entender la literatura y lo que hace Askildsen en este caso, que si uno analiza estos casos particulares, una madre estragante por ejemplo, unos deseos incestuosos, etc., para el lector ahí sí habría consuelo.

Hace unos días estuvo Rafael Chirbes en la librería Muga. Explicó muy bien que si uno puede aplicar una teoría y entender por qué los personajes que están circulando son un poco enfermos, el lector se queda tranquilo. Para mí la cuestión que cuando el protagonista, al que se le acaba de morir la mujer y no puedo evitar mirarle los pechos a su hermana, el lector pueda entender que estas cosas pasan, pero no porque sea patológico –que eso lo podemos analizar— sino porque la vida es muy rara.

Esas escenas que ocurren en el relato son escenas reales. Incluso no diría que el protagonista no ame a su mujer. Y también es evidente que hay una historia con la hermana, y que hay un juego con el incesto, pero para mí lo importante es el efecto literario que Askildsen quiere provocar, efecto que no se puede localizar como ajeno a uno mismo. Me parece que Askildsen está hablando de las relaciones sociales, no de las relaciones patológicas. Habla de cómo es la vida social, en qué consiste.

En ese sentido, encontramos la cuestión de la libertad. Él también tiene ese ideal, y los personajes también lo tienen, pero está hablando de cómo son las cosas, no de los ideales. Entonces, la libertad que conquista es muy pequeña, eso sí que es minimalista. Por ejemplo, en el comienzo del cuento, en el primer párrafo, hay un destello de libertad. El protagonista estaba tumbado pero le molestaba la luz. Tenía lágrimas en los ojos. Momento en que se acerca su hermana, a la que le pide unas gafas, pues no quería que lo malentendieran. Esa es la libertad para Askildsen. El personaje, aún metido en la farsa social en la que vivimos todos, no quiere que piense que está llorando porque se ha muerto la mujer. Para mí es muy terrible que sea así, pero esa es la libertad que este escritor deja para las criaturas. Es lo que deja como real y realizable.


Santiago Gerchunoff

Askildsen o deducir lo importante entre lo que no se dice, por Alberto Estévez

Cuando me dispongo a redactar este comentario nuevamente advierto cuánto más fácil resulta escribir algo cuando el objeto del que se trata es del gusto de uno. Hay un plus en el que escribe cuando se trata de una obra que se tiene presente sin el esfuerzo que supone el recuerdo, como si estuviera siempre a mano y disponible, igual que unas tijeras en una cocina. 

Debo a una muy querida compañera y habitual tertuliana mi bautismo en Askildsen, fue un regalo por mi aniversario hace ya unos cuantos años. De aquel bautismo nació mi gusto por el autor, por cómo narra, en lo que considero un estilo muy definido, piropo para cualquier escritor, pero sobre todo por lo que narra, por lo que relata Kjell Askildsen, el objeto de sus relatos. Es aquí donde mi profesión me obliga a detenerme, dado que además yo no soy ningún experto en literatura y no me voy a andar metiendo en jardines habiendo tantos tertulianos, me consta, que pueden con mucha más autoridad que yo, entre otras cosas porque se han dedicado a los estudios literarios, hacer un análisis de su estilo que me parece más que singular, me atrevería a decir único. 

Volviendo al relato que nos ocupa, ¿cuál es el objeto al que apunta? ¿Qué temática le subyace? Algunos entre ustedes quizá puedan responder sin miramientos, no es mi caso, y quizá no esté tan claro para todos. Les propongo dos medidas para poder responder a esta pregunta a aquellos para los que, como yo, no tengan tan claro cuál es el tema del relato. 

La primera medida es obvia en cualquier lectura, dirigirnos al título: Un vasto y desierto paisaje. Pero este título nos plantea un primer problema, el que se deriva de su manifiesta intención poética. Una vez que leemos este título ya podemos imaginar, sin que haga falta que penetremos en la obra del autor, que este vasto y desierto paisaje no es nada muy concreto, no nos va a hablar de ningún paisaje de naturaleza desértica y de dimensiones generosas. Y efectivamente acertaremos, los paisajes que se relatan nada tienen que ver con la naturaleza, por lo tanto cabe plantearse la presencia de cierto efecto metafórico, cierta condensación que es tan habitual en el ejercicio de la poesía. 

Un vasto y desierto paisaje es una figura de la desolación, si lo elegimos como título de lo que vamos a narrar ya podemos tener claro que la aflicción y la angustia serán nuestros temas centrales. Así es, lo comprobamos en el relato en cualesquiera de sus tres protagonistas; el hombre que acaba de perder a su esposa en un accidente de tráfico, la madre, mujer abandonada por su marido, y la hermana, que aparentemente pareciera la más entera pero que el escritor se encarga de poner ahí, para el que lo quiera leer, una relación problemática con su madre y cierto estilo huidizo cuando la angustia hace presa en ella. La desolación, consulten el diccionario, no se corresponde con encontrarse angustiado, sino que es un término que se utiliza para un episodio de extrema angustia y que invita a pensar en su sinónimo, asolar, que apunta directamente a la destrucción. 

Ahora sí, afirmemos sin reparos que el vasto y desierto paisaje es un paisaje subjetivo, es un paisaje del sujeto, por eso el relato dice que ese paisaje no está fuera, está dentro de él, incluso el genio de Askildsen nos dibuja, para el hombre accidentado, la puerta de entrada a este paisaje, también está en el texto y también repetido varias veces: se trata del silencio. Ya ven qué elemento elige como umbral de paso a la desolación, el silencio; la genialidad reside en el hecho de que este elemento, el silencio, incómodo incluso cuando compartimos un ascensor, es un elemento perfectamente situable en el paisaje natural, en ese vasto desierto en el que imaginamos ningún sonido. 

Haciendo pues este pequeño recorrido por el título podemos dar contestación al tema que el relato plantea: la angustia, la desolación, la soledad que acompañan al sujeto, pero siempre y cuando aceptemos que se trata de un tema de fondo, así lo considero, y cuando digo de fondo me refiero a que pertenece al pensamiento del autor, a su manera de entender el ser humano y por consiguiente, hablamos de un tema que perfectamente pudiera aparecer en muchos de sus relatos. Por eso les propongo una segunda medida para delimitar el tema que inspira esta narración; vaya por delante, como dije antes, que me resulta particularmente complicado decantarlo, y no solo con éste, en general casi constantemente en los cuentos de Askildsen. También les confieso que es parte del atractivo que para mí estos relatos encierran. 

Bien, esta segunda medida no es tan obvia como dirigirnos al título, conlleva haber leído algunos otros relatos del noruego, en mi caso no fue ningún trabajo, bueno, en concreto dos relatos más. Lo que pretendo es agrupar Un vasto y desierto paisaje dentro de una trilogía, la que compondría con El rostro de mi hermana y en tercer lugar Los Invisibles. 

En el caso de estos dos relatos que hoy no nos ocupan hay un curioso juego que el autor lleva a cabo: el nombre que recibe su hermana en el relato Los Invisibles es el mismo nombre que utiliza para una amante ocasional y especialmente lasciva en El rostro de mi hermana, y en ambos relatos la pareja masculina de la hermana recibe el mismo nombre. Entre estos dos relatos parece que hubiera similitudes más que sospechosas, como si el autor hubiese jugado a hacer variaciones sobre la misma estructura ficcional. 

¿Porqué relacionar estos dos relatos con el que nos ocupa hoy? A estas alturas ya se habrán dado cuenta que en los tres cuentos hay una obsesión que muchos juzgarían insana con el personaje de la hermana del protagonista, y con buscar en estos tres relatos situaciones comprometedoras en mayor o menor grado entre ambos protagonistas, situaciones nada extraordinarias sino derivadas de la convivencia. ¿Y por qué digo comprometedoras? Porque cierto fondo incestuoso está constantemente presente, de ahí lo insano que algunos bien advertían. En este sentido recomiendo a aquellos que crean que la mirada indiscreta de nuestro hombre accidentado del relato de hoy es prueba suficientemente incestuosa, se aventuren en las pocas páginas de El rostro de mi hermana para que experimenten lo que es la tensión incestuosa en estado puro y en un grado mucho más alto en una simple conversación entre hermanos. Por su parte, en el que cité como tercer relato de la trilogía, Los Invisibles, comprobamos que el protagonista invade la intimidad de la habitación de la hermana y revuelve en sus pertenencias. Los tres relatos parecen, desde este argumento de lo incestuoso, transitar por una peligrosa frontera no muy bien delimitada. 

Entonces todo parece estar claro ya, todo apunta al incesto, el incesto como gran tema del relato, el tabú entre tabúes, la prohibición por excelencia que enmarca toda dinámica edípica y que organiza y regula los intercambios posibles entre los miembros de una familia, un clan, una tribu… ¿Y cuál es el elemento sobre el que recae la responsabilidad de llevar a cabo la función de la prohibición? Clásicamente, ¿a quién se atribuye la labor de interdicción? 

Al padre, él es el agente de la prohibición, sobre el padre recae tradicionalmente el peso de esta función de interdicción. Y entonces les planteo lo siguiente: ¿qué pasa con el padre en los relatos de Askildsen? 

Una primera respuesta rápida: que no está. En el cuento que tratamos hoy está ausente, se fue con otra mujer, abandonó a su esposa para entregarse en brazos de otra. Pero es que en Los Invisibles resulta que está muerto, y En el rostro de mi hermana ni siquiera se lo menciona. 

Creo que Askildsen dibuja un padre que no está a la altura de su función, un padre ausente o un padre caído, podríamos decir que anticipándose a lo que muestra hoy nuestra sociedad del bienestar, en la que la figura del padre ya no es lo que era, estamos ante un padre devaluado. Huelga decir que Askildsen probablemente tenga cierta fe en la función del padre a la luz de lo que sus relatos plantean, dado el desorden que en sus personajes produce el maltrecho establecimiento de esta función, dando a ver cierta orfandad que comparten todos ellos, todos huérfanos, víctimas de una ausencia. 

Opino que los relatos de Askildsen tienen una característica que los hace grandes, y bajo este prisma me parecen gran literatura, porque provocan que el lector adquiera y desarrolle la capacidad de deducir lo importante entre lo que no se dice, entre lo que se omite. 

No quiero alargarme más y ello conlleva dejarme algunas cuestiones fuera, en concreto un aspecto especialmente importante en las historias que narra Kjell Askildsen, que es el tratamiento que recibe el amor en sus cuentos; es un ejercicio interesante preguntarse por su presencia, pero casi prefiero guardarlo en el tintero y reservamos esta baza para el debate. 

Muchas gracias 

Alberto Estévez

martes, 26 de noviembre de 2013

El núcleo sórdido de lo humano. Comentario de Miguel Ángel Alonso sobre Un vasto y desierto paisaje, de Kjell Askildsen

Zaratustra: “El mundo es profundo, y más profundo de lo que el día ha pensado”. 

Hay relatos como Un vasto y desierto paisaje que, al contrario de lo que es frecuente en este género literario, no tienen un desarrollo enigmático, su núcleo no está cifrado, el sentido no hay que buscarlo en arduas elucubraciones, sino que aparece a la luz de manera inmediata ya desde su comienzo. ¿Dónde reside su potencia literaria? La respuesta encierra, al menos, una paradoja bien conocida. Tendría que ver con lo que se quiere ignorar, con algo que los “bien pensantes”, los amantes del día y, a la vez, detractores de la noche del mundo, quieren borrar de la faz de lo humano, y que, como bien dice Santiago Gerchunoff, hace a los cuentos de Askildsen, en general, antipáticos, a saber, un núcleo sórdido, pero universal, que está siempre presente en el interior de los vínculos humanos.

Es decir, en los relatos de este autor, uno advierte cierto nihilismo que cuestiona la bondad de los afectos y deseos que gobiernan los lazos más tradicionales, como familia, matrimonio, lo cual hace que uno se reafirme en la certeza de que en el interior de toda organización humana late un centro mezquino, pero profundo y tenaz. Reitero que pocos se atreven a escucharlo, y los más se empeñan en ignorarlo.

Por eso resulta sorprendente la unanimidad de la crítica literaria y de tantos lectores empedernidos ante Un vasto y desierto paisaje. Crítica de la que se desprende un amor inconmensurable por lo que llegan a denominar la “verdad cotidiana”. No me cabe duda de que, salvo honrosas excepciones, esas mismas palabras rechazarían con ahínco la “verdad cotidiana” si fuese mostrada, no en la literatura, sino en ellos mismos, o en la vida misma, cuando no en disciplinas diferentes de la literatura, por ejemplo, en el psicoanálisis. Lo cual me hace pensar que sus palabras no pasan del elogio intelectual carente de verdadera sustancia. Un exceso de palabra vacía, todo lo contrario del ejercicio literario que realiza Askildsen.     

Porque las precisas y sutiles percepciones que se proyectan en estos relatos suelen atraer el repudio, la infamia y las acusaciones de perversión moral sobre un observador que no sea literato. Pero aquí, como digo, fascinan, seducen, y se convierten en motivo de enaltecimiento de la verdad, de manera que la hipocresía cede su trinchera de resistencia para mostrar que en la matriz primordial de nuestra civilización, es decir, en la misma familia, mora un goce perverso de contenido sexual que circula entre sus componentes. Eso es una premisa universal. Está bien que lo recoja la Literatura, que nunca tuvo problemas para merodear por los excesos del deseo humano. Pero está todavía mejor que el sujeto que sostiene la crítica literaria también lo acepte de una manera tan general. Se ve que la relación con la verdad va ganando adeptos. Quizá está próximo el momento en que todos los seres hablantes podamos reconocer lo que plantea Askildsen, y de forma todavía más directa planteaba Remy de Gourmont en sus Relatos sombríos. Historias mágicas cuando dice:

¡Todo esto es muy sucio!
–Como la vida querida alma mía, como la vida”.

Podemos ahora demorarnos en algún comentario sobre la forma narrativa, muy peculiar en Askildsen, hasta el punto de que algunos críticos lo encasillan como minimalista. Askildsen protesta cada vez que lo tachan de escritor minimalista:

Pero yo no soy para nada minimalista, si lo dicen, protesto

Si acaso, Askildsen, como escritor, como artista, sepa que en cualquier arte se trata de merodear alrededor de ese núcleo problemático, sórdido, al que anteriormente nos referíamos, no para borrarlo –tarea asignada a los bien pensantes— sino para evocarlo. Pienso que ese es el motivo de su técnica narrativa, de sus frases escuetas y nunca superficiales ni banales. Sólo parece prestar su escucha para una palabra breve, sin profusión numérica, pero plena en su función de evocación. Son palabras que no nos ofrecen apenas ningún plus en relación al sentido, no tienen la ligereza de la dialéctica, sino que parecen cargar con la nitidez de los objetos, son palabras que pesan como cosas, pues sólo se afanan por atrapar objetos muy peculiares.

Pude ver uno de sus pechos

Cuestión de poder, cuestión de objetos, cuestión de goce sexual. Ninguna palabra que pretenda tocar al otro para amarlo, sino solamente para agarrar un trozo de su cuerpo. Es la aridez de Un vasto y desierto paisaje, la misma que reside detrás de todas las historias simbólicas de todos los seres hablantes. Historias que Askildsen da por sabidas, historias que, seguramente, ya atravesó. Es por eso que, más que encasillarlo en el minimalismo, diría que detrás de la novela histórica de cada ser humano encontró muy poca sustancia, solamente palabras estáticas, petrificadas, desconectadas, alusivas a la miseria que conforma, como verdad,  nuestro vasto y desierto paisaje. El de todos, también el de los bien pensantes.

Miguel Ángel Alonso 

La existencia como condena. Comentario de Silvia Lagouarde sobre Un vasto y desierto paisaje, de Kjell Askildsen

Voy a contar una pequeña anécdota para luego hacer una reflexión sobre el cuento de Askildsen. Yo tuve una gran amistad con una mujer Noruega en Italia. Ella vivía con su marido italiano en las orillas de un lago, pues necesitaba el contacto con la naturaleza. A través de sus palabras, me empecé a hacer una idea de Noruega, de manera que este país me pareció ideal. Ella estaba horrorizada de la cultura italiana, hasta el punto de que pensaba que su hijo acabaría siendo un asesino. Me contaba que, en Noruega, los niños no tienen acceso a las armas de plástico, ni siquiera en jugueterías; que los niños andaban “sueltos” por los bosques llenos de Bambis. Hay algo de real en lo que estoy contando. Hace poco tiempo tuve la ocasión de leer un reportaje donde Noruega aparecía como el país que tiene más organizado el tema de la maternidad. Al respecto, parece que hay una diferencia con el resto del mundo.

Pasando ya a comentar el cuento de Askildsen, lo que más me impresionó de sus relatos es la sensación de un cierto tipo de condena que tiene que ver con la violencia que produce la no circulación del amor y del deseo entre los protagonistas. Por eso quería hacer el paralelo con la imagen idílica de la Noruega que dibujaba mi amiga. Los protagonistas de Un vasto y desierto paisaje no se preguntan nada, lo cual produce un gran impacto en relatos tan breves y terroríficos, donde lo único que subyace es el incesto. A partir de estas premisas, y como éste es un espacio donde se articulan literatura y psicoanálisis, pienso en la angustia que produce en el lector la lectura de estos textos. La cuestión es que no hay posibilidad de cambio para ninguno de los protagonistas. Esa sería la existencia como condena y, como digo, la condena del desamor y la falta del deseo.

Y para finalizar, quiero hablar sobre el concepto de libertad que expresó Santiago Gerchunoff en su intervención. Para mí es una concepción errónea pensar que ser libre implica la no presencia del otro. Por el contrario, libre es aquél que puede soportar la diferencia con el otro. Personajes como los del relato de Askildsen, no entienden nada acerca del concepto de libertad. 

Silvia Lagouarde

Un vasto y desierto paisaje, de Kjell Askildsen. Comentario de Miriam Chorne

Sobre la cuestión del minimalismo, veo diferencias con Raymond Carver, uno de los representantes del realismo sucio. Aquí, en Askildsen, se trataría de otro minimalismo, en el sentido de que hay algo de la historia que está elidido, pero no está ausente. Porque con solo tres frases, por ejemplo, uno entiende perfectamente las relaciones entre madre e hija y el desagrado que aquélla muestra en relación a ésta. Y todo es así, nada se cuenta del matrimonio entre el protagonista y su mujer fallecida, pero se señala la ausencia de dolor, cuando la gente esperaría otra reacción ante la muerte de su mujer. En esa ausencia de dolor por la pérdida, lo que subyace es una historia matrimonial sin necesidad de hablar sobre ella.

También se me hizo patente la violencia del relato en esos pequeños matices donde se muestran los deseos incestuosos. Algo que es rechazado categóricamente por la hermana. Una violencia del protagonista hacia su hermana. También aquí está elidida la historia entre los hermanos, pero se hace muy evidente la violencia de uno hacia la otra, una violencia que no tiene su réplica del lado de la hermana. En este sentido, pensaba que estamos ante un cuento en el que no hay historia, pero, al mismo tiempo, ésta se adivina, creo, de una manera precisa. Es decir, no es que lo que no se cuenta está ausente, sino que está sugerido de forma mínima. 

Miriam Chorne

lunes, 18 de noviembre de 2013

LITER-a-TULIA Diciembre 2013

LITER-a-TULIA dedicará su próxima reunión
a la escritora recién galardonada con el Nobel de Literatura
Alice Munro
De su obra hemos elegido el relato titulado
"Amistad de Juventud"


“Siempre pensé que iba a ser novelista. Me decía que cuando mis chicos fuesen grandes y yo tuviese más tiempo para escribir novelas, iba a hacerlo. El cuento estaba puramente determinado por el largo de las siestas de mis hijos Pero después resultó que ésa fue la manera en la que aprendí a escribir y ya no pude hacer otra cosa”. (Alice Munro)

"Amistad de Juventud" es también el título de la colección de relatos que incluye éste en primer lugar, y está editado por Debolsillo (2010)

La cita es el viernes día 13 de Diciembre, a las 18 horas:

Este o Este
Manuela Malasaña 9
-Metro Bilbao-