martes, 21 de julio de 2015

Recordando a Alberto Estévez, co-fundador de Liter-a-tulia y creador de su nombre

Tengo presente, como si lo viviera ahora mismo, el momento en que, junto con Gustavo Dessal, en el vestíbulo de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, los tres comenzamos a pergeñar ese espacio literario, Liter-a-tulia, que tantas satisfacciones nos entregó y seguirá entregando, pues ese sería el deseo de Alberto. Allí vertió alrededor de cincuenta y tantos artículos acerca de novelas, cuentos, presentaciones de libros, etc., recopilados y que, como regalo de su cincuenta cumpleaños, Gustavo y yo le entregamos en un libro que recibió emocionado.

Tampoco podré, jamás, jamás, borrar su grandioso afecto. Aquella mañana de hace unos tres meses, cuando recibo la llamada de Alberto para agradecerme el abrazo con el que nos habíamos despedido el día anterior después de haber estado cenando y hablando, junto con Gustavo, de los planes que teníamos los tres para Liter-a-tulia. En ese momento se me estremeció el cuerpo. No lo podré olvidar jamás.

Hace justamente un año, por el mes de Julio, realizando un esfuerzo notable –peleaba ya con la enfermedad— intervino en el curso Lengüajes, invitado por Sergio Larriera, en la que creo que fue su última intervención pública. Nos hablaba entonces, con su voz envolvente, con su dramatismo inigualable, del último relato de Dublineses, Los muertos, de James Joyce. Su voz caía, entonces, suave, como aquella nieve sobre los ponientes de los campos de Irlanda.

Desde la humildad de su Estévez, evocaba otro apellido ilustre, el de John Houston, y la belleza que éste supo extraer del texto de Joyce para convertirlo en película memorable. Hoy, las comas, los puntos, las palabras, los verbos, que con tanta delicadeza manejaba Alberto en su texto, se trastocan en los nuestros, haciéndonos más difícil la comprensión de la vida. Sin caer en la inutilidad de la maldición, aquella belleza nos hace sentir, en el momento en que recordamos al amigo Alberto, el frío que contenía. Hoy, esa  nieve final nos golpea dolorosamente el cuerpo.

No podemos, por menos, que sentir la ambigüedad de la pasión, de la vida que él evocaba en los versos del poeta andaluz Juan Peña, inspirados en este mismo relato de James Joyce:

Pese a la enfermedad, la desgracia, el cansancio,
Llevar en la mirada una pasión
Que la vida nos duela,
Que sea frágil y hermosa, como una nieve oscura
Cayéndote en los ojos.”

La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita, como bien decía el protagonista de El cartero, de Pablo Neruda. Tú necesitaste esta poesía, y te tomamos la palabra Alberto, porque necesitamos, más que nunca, dejarnos seducir por ella. Aunque es difícil, ahora, creer en la vida, al menos mientras sigamos escuchando su canción, bella y triste, frágil y hermosa, te recordaremos.

Hasta siempre hermano.


Miguel Alonso

lunes, 20 de julio de 2015

Adiós a Alberto Estévez, co-fundador de Liter-a-tulia e inventor de su nombre

Tal vez porque la muerte sigue inspirándonos un sagrado temor, solemos elevar hacia alturas inabarcables al ser querido que nos ha dejado, y nos esforzamos por convertirlo en alguien sublime. Pero esta vez no es preciso recurrir a la costumbre, porque siempre hemos sentido por ti, Alberto, un cariño incondicional. Y nos alegra que tú lo supieras, ya que eso puede al menos reconfortarnos un poco.

Hay personas que tienen el don de reunir un gran número de cualidades. No voy a enumerar las tuyas, porque no quisiera que esta despedida fuese un listado de alabanzas que -aun siendo verdaderas- sonarían a los habituales tópicos que se dicen en estas ocasiones.

Solo quiero evocar, a través de estas torpes palabras, todo lo que nos has dejado, y que conocemos tan bien: tu voz, tu sonrisa, tu inteligencia, el amor siempre disponible, la palabra justa, el sentido de la amistad y, por supuesto, esa cuidada elegancia que lograbas de un modo especial, en todas las facetas de lo cotidiano. Lo que de ti subsiste en nuestras vidas supera por fortuna lo que la muerte se ha llevado, y a ese magro consuelo querríamos aferramos hoy, pero nos resulta escaso. No podemos evitar que una inmensa ausencia se instale en la pequeña comunidad que formamos. Literatulia, ese espacio que no solo se nutrió de tu pensamiento, sino que recibió tu espíritu y tu gracia, seguirá adelante, porque creo que es el mejor homenaje que podemos hacerle al amigo tan amado: mantener vivo lo que tanto has contribuido a fundar, y sentir así que nos acompañas en el mundo de los sueños que entre todos fabricamos en esos viernes mágicos, leyendo y conversando sobre lo que nos ayuda a soportar las inclemencias de la vida.

Así nos despedimos de ti, querido amigo. Aturdidos por tu partida, seguiremos pese a todo hablando. Ya lo sabes: nos han quedado muchos libros por leer, muchas cosas por contarnos, y no quiero concluir con una frase que trate de aliviar nuestra pena, porque a esta altura no vamos a engañarnos. Esto no tendría que haber sucedido, no tendríamos que estar aquí reunidos por este motivo. Pero lo cierto es que nos hemos despertado esta mañana, y la noticia sigue siendo real. Danos tiempo, tristeza, danos tiempo para que seamos capaces de asumir lo que ha pasado. 

Gustavo Dessal

In memorian. A nuestro amigo Alberto Estévez, co-fundador de Liter-a-tulia e inventor de su nombre

A NUESTRO AMIGO ALBERTO

Nada parece detenerse en la indolencia habitual
caliente y ruidosa del día de hoy, y de los días

No se detiene el teléfono, la voz parlanchina,
el trajín inmutable que insiste en avanzar y respirar

Solo unos pocos seres, rebeldes a la indiferencia,
lloran ante este caminar implacable
que pisa la hierba y las flores, insensible

Solo un grupo señalado por la ausencia
siente frío y guarda silencio
en medio de un devenir absurdo e irreverente

Latir de corazones apenas perceptible, casi ínfimo,
herido por algo punzante que arranca del pecho
la esperanza, el futuro, la alegría de compartir

Y algunos, los cercanos, perdemos el apetito y el sueño,
y perdemos el espacio donde un amigo
nos hizo reír y llorar, de viva voz

Y algunos quedamos suspendidos en medio
de este despliegue gris de los días
sin consuelo, ni comprensión, ni cura posible

porque algo ha cambiado para nosotros desde hoy
aunque en apariencia y si miras sin ver

            nada parezca detenerse en la indolencia habitual
            de este día, y de los días

Sara Veiras

miércoles, 3 de junio de 2015

Presentación de El tejido Joyce, de Zacarías Marco. Texto de la coordinación, por Miguel Alonso. Fecha: 20 de Mayo de 2015. Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid

Buenas noches y bienvenidos al Ciclo de presentación de libros organizado por la BOLM de Madrid. Nos ocupamos hoy de El tejido Joyce, último libro publicado de Zacarías Marco. Antes de entrar en materia, voy a presentar a quienes conformamos la mesa. Estamos en ella Miriam Chorne y Sergio Larriera, ambos  psicoanalistas, miembro de la ELP y de la AMP, además de docentes del Nucep (Nuevo centro de estudios psicoanalíticos) y apasionados por la obra de James Joyce; también está con nosotros el autor de El tejido Joyce, Zacarías Marco, que nos dirigirá al final del acto unas palabras sobre su libro. Es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. En 1999 sale a la luz un primer libro de prosa poética, Labores de zapa. En 2005 publica Dípticos, sobre la película El Regreso, de Andrey Zvyagintsev, libro traducido y publicado en Rusia; y por último, yo mismo, Miguel Alonso, como coordinador del espacio y miembro del equipo organizador del trabajo de biblioteca. 

En primer lugar, decir que si siempre produce satisfacción la presentación de un buen libro, en este caso la satisfacción es doble, porque estamos, sin duda, ante un libro extraordinario dentro del peculiar espacio joyceano, y porque está escrito por nuestro queridísimo amigo Zacarías Marco, bien conocido por nosotros por su perspicacia a la hora de afrontar los textos literarios, psicoanalíticos o filosóficos. Y concretando en lo que hoy nos ocupa, El tejido Joyce, hay que decir que Zacarías se muestra en él auténticamente genuino, inconfundible, fiel a su singular estilo, a la hora de abordar la obra del escritor irlandés y, en particular, su primera novela, Retrato del artista adolescente
¿Qué es El tejido Joyce
Decíamos en la convocatoria de este espacio: “Estamos ante una singular lectura que trata de acotar lo inabarcable, o lo que es lo mismo, eludir la parálisis que impone la inconmensurabilidad de la obra joyceana en las múltiples conexiones que, anudando vida y arte, permitirán a Joyce sostenerse en la existencia”. 
Pues bien, hablando de inconmensurabilidad, de lo inabarcable, etc., no es una tarea fácil decir, en una coordinación de unos pocos minutos, qué es El tejido Joyce, dado que en él no encontramos una sola vertiente del Retrato sin analizar, además, de forma muy pormenorizada. Por tanto, en mi intervención me inclino por atender, únicamente, a algunos aspectos de la relación de Zacarías con el Retrato. Para mí, El tejido Joyce es: 
1º. La expresión del amor que Zacarías Marco siente por Retrato del artista adolescente, pero también del amor que el Retrato... siente por Zacarías Marco. Lo digo en el siguiente sentido. Su análisis, el recorrido que hace por las diferentes casillas del juego joyceano es tan pormenorizado, exhaustivo y delicioso, que la lectura me hizo evocar, de forma constante, la greguería de Gómez de la Serna: “Pon un anillo de oro a la idea y la harás tuya”. Eso es lo que hace Zacarías, ponerle un anillo de oro a cada casilla. Se demora en cada situación con una inteligencia y una agudeza tal, que Retrato del artista adolescente le entregó sus confidencias como verdades en las que es difícil reparar. Incluso, Retrato... le entrega confidencias acerca de las encrucijadas del deseo joyceano que, quizá, ni el mismo Joyce pudo alcanzar, mostrando de esa manera que las grandes tomas de decisión respecto al destino de lo humano – como puede ser el exilio joyceano— se rigen por motivos, la mayor parte de las veces, ocultos a la conciencia. Desde este punto de vista, El tejido Joyce ofrece ese tipo de confidencias que circulan por detrás de los dichos de la conciencia de Joyce. Podríamos decir, tomando una de las frases del texto: “No se puede confundir la opinión del protagonista con lo que la obra expresa”, es decir, esas confidencias que Retrato... entrega a Zacarías.  
2º. El tejido Joyce plasma una concepción de la escritura y, me atrevería a decir, de la lectura, en tanto señala, de forma explícita, una posición particular de Zacarías Marco, dejarse atrapar y ordenar por el azar, que en este caso se manifiesta como un dejarse arrojar como un dado en un juego cuyas casillas están conformadas por los múltiples murmullos o por los múltiples estruendos de ese lenguaje joyceano que hace avanzar o retroceder para elaborar y reelaborar las diferentes encrucijadas que suscita Retrato del artista adolescente, y la obra de Joyce en general. Es decir, dentro de la estructura de su libro, este dejarse arrojar como un dado para caer en algún lugar, es el resorte de la propia escritura de Zacarías, de su singular acompañamiento de la obra de Joyce.
3º. También estamos, sin duda, ante un hilo de Ariadna, tanto para el autor como para los lectores, en tanto permite, por su carácter didáctico, que no nos perdamos en ese “caosmos” joyceano, en ese complicado enmarañamiento entre vida, arte y escritura tejido por el escritor irlandés. Veremos en El tejido Joyce como ese enmarañamiento será el laberinto en el que Joyce queda atrapado, y del que saldrá a través de un método que, a medida que avanza en su obra, se va especificando cada vez más como un invento en el que intervienen, de forma más llamativa, revelaciones repentinas de verdades que Joyce nombra como epifanías y que van creando realidades auténticas y, sobre todo, el sonido de las palabras, a través del cual se precipitan las frases en un determinado ordenamiento, en el que Joyce trabajaba infatigablemente.  
4º. Por último, me aventuro a expresar otra formulación potente. Y es que Zacarías es el hereje que queda tocado en su propio ser por la novela de Joyce. Retrato del artista adolescente es un libro que lo construye a él mismo, en tanto es capaz de armonizar con un lenguaje rupturista que, más que importarle evocar realidades, procura construirlas. Eso implica una posición ética y herética respecto a la ortodoxia sobre el lenguaje, sobre la realidad y sobre el ser. En un momento de su escritura sostiene Zacarías que “Desde el exilio del lenguaje no se alcanza el ser”. Nosotros podríamos evocar resonancias que nos trae esta frase tan hermosa, me refiero a ese aforismo lacaniano al que Zacarías daría plena sustancia:    
No hay sujeto que se sostenga salvo el que habla en nombre de la palabra
En nombre de la palabra, El tejido Joyce nos conduce hacia un apéndice lacaniano para conformar una confluencia entre literatura y psicoanálisis –confluencia, sin duda, herética— poniendo en juego todos los elementos fundamentales del “caosmos” joyceano, la familia, la religión y la sexualidad, el sentimiento de culpa, las bocas que amenazan tragar a Stephen y que paralizan su deseo, las fobias, la escucha que solicita del otro, Cranly y Lynch, donde Joyce-Dedalus despliega sus pesares, que Zacarías sabe llevar más allá de los “agotamientos lógicos”. Todo ello, como digo, en ese tejido entre vida, arte y escritura, como ideario y como red que protege a la vida de una caída en el abismo.  
Una escritura con mayúsculas que clarifica el impulso creativo que conduce a James Joyce hacia la trilogía, Retrato, Ulises y Finnegans Wake, ese artefacto intrascendente –tomando el concepto creado por Sergio Larriera, y que viene muy bien por oposición a la trascendencia religiosa que tomó a Joyce durante su infancia— artefacto intrascendente que, como aparato de escritura, actuará como sustento vital en tanto sortea, esquiva, el desvanecimiento imaginario de James Joyce.
Yo diría que con El tejido Joyce Zacarías Marco se posiciona como un testigo privilegiado dentro de ese Otro universal creado por Joyce para validar su obra. ¿Cómo la valida Zacarías? Situando Retrato del artista adolescente como una red que alivia el abismo entre el ser y la existencia, una red construida por Joyce para el alivio del ser de Stephen Dédalus, verdadero personaje real en tanto los personajes reales son aquellos que, no habiendo existido nunca, permiten sostenerse en la existencia. Así describe Zacarías al protagonista de Retrato...
En realidad, por su carácter didáctico, este ensayo nos permite aprehender más fácilmente la verdad que contiene la novela de Joyce: y es que nadie es, y todos, aunque sea con diferente fortuna que la de Joyce, tenemos que “saber hacer” con nuestras divisiones, con nuestras fracturas, con nuestros síntomas. 
Por mi parte, felicitar a Zacarías por este libro extraordinario, y como sé de su querencia por la literatura, por la filosofía y por el psicoanálisis, animarlo a que siga dejándose atravesar por estos textos, dejándose arrojar como un dado y proyecte ese atravesamiento en nuevas escrituras. Porque esos textos, al igual que ocurre con El tejido Joyce, serán, con seguridad, una garantía para ordenar el “caosmos” que a cada uno de nosotros toca soportar. 
Muchas gracias.
Miguel Alonso

sábado, 30 de mayo de 2015





Lastura y Huerga & Fierro Editores


Les comunica que en la caseta 308 de la Feria del Libro de Madrid

La autora

María José Martínez

Firmará ejemplares de su libro

LARGO RECORRIDO

Martes, 2 de Junio de 2015

Parque del Retiro

Paseo de coches

Caseta 308

Madrid


 

jueves, 28 de mayo de 2015

Reunión LITER-a-TULIA Junio 2015, última del curso.

Hemos llegado a la ultima cita de este curso dedicado a la obra del escritor más universal de todos los tiempos, y en los ocho encuentros ya celebrados se han ido tocando distintos palos de su obra hasta llegar a esta cita con la que pretendemos despedir el ciclo a lo grande, y para ello hemos reservado como plato fuerte uno de sus dramas por excelencia, se trata de la tragedia que lleva por título:




Es inevitable toparse en la lectura de Macbeth con una poderosa representación de la lucha entre el bien y el mal, este último es uno de los argumentos que dotan a la obra de tanta fuerza, apoyándose en los símbolos imaginarios que lo representan, la imaginería siniestra de las brujas, la omnipresencia de la oscuridad, lo lúgubre de muchas de sus escenas, asimismo la sangre, elemento recurrente prácticamente de principio a fin del texto.

Viernes 12 de Junio 18 horas
Restaurante O Este
Manuela Malasaña 9
Metro Bilbao

miércoles, 20 de mayo de 2015

Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Madrid

                                                  PRESENTACIÓN DE LIBROS
Miércoles, 20 de mayo de 2015
20,30 HORAS
 C/ Gran Vía, 60, 2º Izda.
ENTRADA LIBRE


EL TEJIDO JOYCE
Zacarías Marco

EDITORIAL ARENA LIBROS 2015

   
                                                                                                                                  
Contaremos con la presencia del autor

Con El tejido Joyce, Zacarías Marco nos introduce en el artefacto artístico joyceano articulador de vida y arte. La referencia fundamental de este ensayo es la primera novela de J. Joyce, Retrato del artista adolescente. Desde allí, Zacarías elabora un juego que nos permite clarificar un importante abanico de cuestiones, por ejemplo, la justificación de  la rebelión adolescente de Joyce, situar el impulso hacia su creación artística, así como determinar el sello personal, de carácter mesiánico, que como matriz va signar toda su obra. Todo ello transitando por temas como la religión, la sexualidad y la mujer, tan relevantes en la vida y en la obra del escritor irlandés. Con este ensayo, Zacarías Marco define su posición singular ante la obra de Joyce: dejarse atravesar por el orden de las contingencias impuestas por una escritura y una vida excepcionales. Estamos ante una singular lectura que trata de acotar lo inabarcable, o lo que es lo mismo, eludir la parálisis que impone la inconmensurabilidad de la obra joyceana en las múltiples conexiones que, anudando vida y arte, permitirán a Joyce sostenerse en la existencia

COORDINA:
Miguel Ángel Alonso, Coordinador del espacio. Socio de la ELP y Miembro del equipo de la BOLM. Uno de los miembros fundadores de la tertulia literaria Liter-a-tulia

INTERVIENEN:
Sergio Larriera, psicoanalista, docente del Nucep, miembro  de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis
Miriam Chorne, psicoanalista, docente del Nucep, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de Madrid y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis 
ORGANIZA: Equipo BOLM: Miguel Ángel Alonso, Esperanza Molleda, Pilar Berben, Maria Martorell, Carmen Bermúdez, Antonio Ceverino, Beatriz García, Diana Novara, Luis Teszkiewicz. Dirección: Amanda Goya.

lunes, 27 de abril de 2015

Reunión LITER.a.TULIA Mayo 2015

Abordamos el último tramo del curso; de las dos citas que nos quedan para finalizar este recorrido en torno a la obra de Shakespeare hemos seleccionado la comedia titulada:

Noche de Reyes




En materia cómica no hay duda de que Shakespeare es un gran maestro, y esta obra, en algunos de sus pasajes, demuestra de manera notable el dominio de su autor, hasta tal punto de resultar absolutamente brillante su manera de mezclar lo cómico con lo sentimental.

Viernes 8 de Mayo, 18 horas
Restaurante O Este
Manuela Malasaña 9
Metro Bilbao


miércoles, 8 de abril de 2015

Ángeles Caídos, de Sara Veiras

Nuestra amiga Sara Veiras, que nos acompaña desde los inicios de Liter-a-tulia, ha escrito un libro muy hermoso. Un libro de relatos que nos habla de aquellas cosas que tratamos por todos los medios de ignorar. Encerrados en nuestro pequeño mundo cotidiano, somos a menudo ciegos para percibir que detrás de muchos seres que están próximos se esconde un profundo dolor. Sara nos lo muestra con un lenguaje que reúne la belleza poética y la crudeza de la palabra que no se anda con rodeos. 
El libro puede adquirirse en Amazon.es, poniendo en el buscador: "Ángeles caídos, paisajes, pecados y epílogos. Sara Veiras.”
Vale la pena.

El equipo de Liter-a-tulia

viernes, 27 de marzo de 2015

Reunión LITER-a-TULIA Abril 2015

LITER-a-TULIA convoca una nueva cita para el mes de Abril; tomaremos una nueva obra de Shakespeare, en este caso se trata de
La Tempestad


Estamos tejidos de la misma tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un sueño.


Será nuestro invitado para presentar la obra David Sánchez Usanos, licenciado en Psicología y Filosofía, posee varios Máster relacionados con ambas titulaciones así como el diploma de estudios avanzados en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada; es Doctor en Filosofía. Actualmente ejerce como profesor de Metafísica y Filosofía Contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid. Sus líneas de investigación se dirigen a las relaciones entre Filosofía y ficción y la Teoría Literaria. Entre sus últimas publicaciones, destacar la introducción, traducción y notas de "Las variaciones sobre Hegel. Sobre la Fenomenología del Espíritu" (Akal), o los "Ensayos y discursos de William Faulkner" (Capitán Swing).


Viernes 10 de Abril, 18 horas
en nuestro restaurante habitual
que ha reducido su nombre y pasa a llamarse
O Este
Manuela Malasaña 9
Metro Bilbao

martes, 3 de marzo de 2015

Reunión LITER-a-TULIA Marzo 2015

LITER-a-TULIA os convoca a su reunión del mes de Marzo para continuar con este apasionante ciclo dedicado a Shakespeare, y para la ocasión comentaremos la comedia titulada:

La Fierecilla Domada


"Es una de sus obras más populares, tanto dentro como fuera de su país, como lo demuestra, por ejemplo, el hecho de que sea la quinta obra que más veces ha sido traducida al español de entre las treinta y siete que se conservan de su autor, únicamente precedida por Romeo y Julieta, Hamlet, Macbeth y El Rey Lear, y por delante de obras como El sueño de una noche de verano, Julio César o incluso Otelo." (fuente wikipedia)

Nos acompañará para abrir la reunión nuestro querido amigo Mario Coll. Mario es licenciado en Filología Española e Inglesa, además de grado en Filosofía. Ha completado la tétrada en el Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis y cuenta asimismo con un Máster por la Complutense sobre Teoría Psicoanalítica. Autor de artículos y publicaciones en diferentes campos que van desde la investigación filológica hasta el psicoanálisis, pasando por un libro lúdico-lingüístico titulado "El Dicciomario". En la actualidad ejerce como psicoanalista y como profesor de instituto en la enseñanza pública.

Viernes 13 de Marzo, 18 horas
Restaurante Este o Este
Manuela Malasaña 9
Metro Bilbao

jueves, 26 de febrero de 2015

Presentación del nuevo libro de poesía de Mª José Martínez

Nuestra querida amiga y contertulia Mª José Martínez presenta su nuevo libro de poesía:



Jueves 5 de Marzo, 19:30 horas
Enclave de Libros
Calle Relatores, 16
Madrid

martes, 17 de febrero de 2015

(…) Escribiré obras de teatro, pero no de momento.
No me apetece escribir dramas y, todavía no he encontrado el tema para una comedia.
Tal vez empiece a escribir una obra en otoño, si no me voy al extranjero. 
Antón P. Chéjov (1895 / carta a A.S. Suvorin) 
 
en Chejov
 
Laboratorio  para  actores
Y  espectadores-oyentes
  
DESTINATARIO / GRUPOS
La propuesta está destinada sólo a actores profesionales. Se conformarán grupos muy reducidos para fortalecer el espacio de trabajo y estimular el deseo creativo.
 
OBJETIVOS
Estudiaremos el núcleo y la periferia de la obra dramática de Antón Pávlovich Chejov desplegando los múltiples sentidos que habitan su obra para profundizar las posibilidades escénicas en relación a la interpretación.
Construir un nuevo paradigma de trabajo en el cual los aspectos más atractivos de la actuación estén asociados a los procesos creativos y donde los resultados son consecuencia natural de lo anterior.
Arraigar un nuevo ideario sobre la importancia del entrenamiento del actor / actriz en el marco profesional.
Concebir la dificultad como una oportunidad transformadora que construye singularidad.
Generar espacios de reflexión y diálogo entre actores y espectadores.
 
PROPUESTA
Vamos a recorrer la obra de Chejov abordando dos dimensiones: una literaria y otra escénica. Exploraremos aquellas zonas complejas propias de su obra y que se manifiestan en la interpretación y su articulación con la escena.    
 
DINAMICA DE TRABAJO

ACTORES / ACTRICES
Se desarrollará en una doble dirección, de forma paralela. Una primera línea teórico-práctica que se despliega en el trabajo de mesa: lecturas de material periférico, intercambio de opiniones, inquietudes en torno al abordaje de la escena, análisis de estructura dramática, contexto histórico. Esta primera vía del trabajo, inaugura un espacio de diálogo abierto para compartir las impresiones y el imaginario de cada actor, en contacto con el universo poético chejoviano.   
Una línea segunda íntegramente práctica que centra la atención en:
 
La preparación del actor: Indagaremos sobre ciertos principios escénicos y entrenaremos el uso de herramientas fundamentales:
La voz y su relación con el lenguaje
La expansión del cuerpo poético
La impresión, las ideas y su expresión
El imaginario y las imágenes
La sinergia creativa, el trabajo en equipo
Las capacidades de escucha de registro y de propuesta
La improvisación
  
La escena: Esta labor (individual, en dúos o en tríos) la desempeña el actor, eligiendo una escena dentro de la obra dramática de Chejov. Se pondrá particular atención en la relevancia de la acción monologada en la obra dramática de Chejov, uno de sus rasgos fundamentales.
 
ESPECTADORES-OYENTES
Paralelamente al trabajo que desarrollarán los actores, un reducido grupo de espectadores-oyentes, presenciará los procesos creativos y participará de los espacios de diálogo. Los espectadores-oyentes recibirán apuntes de lectura optativa para indagar sobre el acto de expectación.   
 
INSCRIPCIÓN
Actores / Actrices: Enviar un cv a estudiolabrujula@gmail.com Una vez confirmada la plaza, deberá reservarla con el 50% del coste total del seminario. El resto se abona la primera clase.
Espectadores-oyentes: Enviar un mail solicitando plaza y una vez confirmada, reservarla con el 50% del coste total del seminario. El resto se abona la primera clase.
 
 
8 Plazas para actores / actrices
13 clases   /  coste total  € 360
3 plazas para espectadores (coste total € 250)
 
Comienza el 23 / 03   y finaliza el 15 / 06
(Elegir un grupo) Lunes 19 a 22.30   /   Martes 19 a 22.30  /  Miércoles 11.30 a 15

La Brújula - Estudio de Actores   C / Écija, 2  (Metro Argüelles / Moncloa)
 
 
Heidi Steinhardt nació en Buenos Aires, en 1977. Desarrolla su trabajo profesional en el arte escénico, como actriz, dramaturga, entrenadora y directora. Su formación multidisciplinaria abarca: Artes Combinadas en la Universidad de Buenos Aires, ballet clásico y contemporáneo en la Escuela Nacional de Danzas e interpretación en la escuela de actores de Julio Chávez. Trabajó como actriz con destacados directores como Jorge Lavelli, Lía Jelín y Jorge Eines. Dirigió teatro en España, Argentina y Costa Rica. Como dramaturga estrenó varias piezas de su autoría en Buenos Aires y editó El trompo metálico con Ediciones Colihue. Sus obras El trompo metálico, Calladito más bonito y El Sepelio, recibieron múltiples premios y fueron invitadas a prestigiosos festivales de teatro internacionales en Chile, Bolivia, España, Colombia, Estados Unidos, Cuba y Argentina. La labor como entrenadora de actores, abarca más de una década impartiendo seminarios de interpretación y dirección en Argentina, Costa Rica, Cuba, España. Su propuesta  pedagógica se concentra en la dinámica de trabajo unipersonal orientada a descubrir el universo poético de cada actor desplegando el máximo potencial inherente. Actualmente reside en Madrid y desarrolla una amplia labor escénica en su estudio de actores La Brújula.
 


viernes, 30 de enero de 2015

La Comedia de las Equivocaciones", reseñada por Mª José Martínez

Cuando el gran autor latino Plauto, escribió su comedia Menaechmi allá por el s. III a. de C., no podía suponer que otro autor de renombre, el gran Shakespeare, iba a imitar su comedia en el siglo XVI. Pero así fue, pues el teatro de la época de Plauto ya no era tan serio ni tan trágico como su antecedente griego, sino teatro burgués para burgueses aburridos, fiel constancia de aquella sociedad que ya se preocupaba más del comercio y de la economía que de ninguna otra cosa. Y es que el teatro de Plauto estaba hecho para divertir y de él nació la farsa, aquel teatro que si bien tenía enjundia, esta permanecía oculta bajo un sinfín de malentendidos, de bromas más o menos groseras, o de conflictos exageradamente enrevesados. Pero Plauto tocó todos los temas de preocupación posibles al ser humano, y nos dejó casi todas las claves del posterior teatro europeo. Y refiriéndonos en concreto al teatro como divertimento, creó la figura del pícaro, la del soldado fanfarrón, la del avaro, la del viejo engañado etc., personajes universales que llegaron hasta nuestro s. de Oro, y dentro de la farsa el “gracioso”, el personaje encargado de divertir. Y de tal manera entretuvo al público, que se vio en la necesidad de hacer una introducción a la obra para explicar el fondo y la filosofía del problema tan oculto por las risas. Este prólogo empezó diciéndolo un actor, luego el propio autor y otras veces el protagonista, con la clara intención de la obra fuese mejor entendida en aquel teatro Latino, que ya era Romano y sobre todo Italiano. Ese prólogo se hizo costumbre y llegó hasta nuestros días, para que alguna vez podamos admirar la magnífica introducción a “Los Intereses Creados” de nuestro admirado Nobel, D. Jaciento Benavente. 


La Comedia de las Equivocaciones, de W. Shakespeare, no es una obra Histórica que parta de la Historia siempre sangrienta de Inglaterra en cuanto a la posesión del trono, es todo lo contrario: una comedia jocosa que se desarrolla en cinco autos y que transcurre en un solo día. El autor tuvo la osadía de complicar la obra de Plauto añadiendo dos gemelos más a la vieja trama, logrando así un enredo enorme, típico del teatro barroco, donde así se le daba otra vuelta de tuerca. Yo no soy nada aficionada a este tipo de obras llenas de malentendidos porque me cansan, pero en este caso tuve que admirar el genio del inglés principalmente en unos monólogos cuyas ideas me parecieron extraordinarias en cuanto a varios temas que me llamaron la atención. 

El primero de ellos, referente a la satisfacción sexual, se da en la escena segunda del segundo acto cuando Adriana piensa no haber sido para su marido más que un goce pasado, acusándolo luego de una falta “que los mancha a los dos”. Y aquí, hablando del goce, nos encontramos ante las posturas que suelen ser habituales en el hombre y la mujer: el hombre de parte del goce y la mujer más de parte del Amor. Después el autor sigue sorprendiéndonos y a pesar de haber oído esa idea tan ética de una falta que los mancha a los dos, Luciana le dice a su cuñado que no le declare su infidelidad, que no hable de esa falta… “ya que las malas acciones se duplican con las malas palabras”, y le aconseja que disimule y que vuelva a enamorar a su mujer, ya que, según dice la misma mujer …”una mirada suya, animadora, restauraría pronto mi belleza”…, puesto que las mujeres corren en pos del amor, le aclara. Y ahí tenemos muy bien descrita la necesidad de la mujer en cuanto al plano sentimental del acto amoroso. 

Al hilo de estos textos, quisiera resaltar uno de los que se consideran pensamientos de Shakespeare: “No ensucies la fuente donde has apagado tu sed”. Más tarde nos sorprende la respuesta del hombre que sigue queriendo confesar su falta a toda costa y con gran generosidad, que no veo yo aquí arrepentimiento religioso alguno, sino la necesaria sinceridad sentimental que ya anuncia los tiempos modernos. Esto contrasta con la referida obra latina, porque Plauto hacía con mucha frecuencia, encendidos elogios hacia el Amor y la infidelidad, manteniendo la idea pagana del amor que les había llegado del teatro helenístico a través de la Comedia Nueva. 

Y pasando al segundo aspecto que quería destacar, hay que tener en cuenta la diferencia entre las posturas de los dos escritores, pues Shakespeare vivía en un mundo cristiano que rechazaría esta idea pagana del amor. Así es que la respuesta del hombre, que vuelve a ser sincera, hace ahora cierta referencia a una idea religiosa cuando al contestar a Luciana le dice: “¿Acaso sois Dios?”. Efectivamente, la idea cristiana de la culpa era quien dictó entonces, y durante muchos años, las normas sociales, que no otras, sobre las que habría de desarrollarse el referido tema. Esta es la distancia entre las dos maneras de concebir la vida. Finalmente el marido acaba confesando a Luciana que, muy a su pesar, su deseo se dirige a ella misma. Y aunque la respuesta de Luciana es de lo más honesto, en la respuesta del hombre vuelve a apreciarse la modernidad cuando le dice que la verdadera esposa es la que se ama con ese amor verdadero y profundo al margen de otros vínculos. Y así es y así será siempre, y es así como el autor demuestra un talante adelantado a su época, en ese teatro moderno que se impone con ese bellísimo diálogo, con unas verdades y una claridad de ideas que nos sorprenden. …“Canta sirena para ti misma…”, le dice al final, después de confesarle su deseo. Y todo eso dentro del cristianismo de la época pero sin olvidar que en Inglaterra se hallaba instalado el Anglicalismo, ya que cinco años antes del nacimiento de Shakespeare, la Iglesia de Inglaterra se había separado de la Iglesia de Roma. 

En la obra se trata el tema del amor, pero también de otros temas como la xenofobia, las relaciones amo- criado y la misoginia. Y así se desarrolla esta comedia de enredos llena de gracia y ligereza pues aquí no tenemos solamente el personaje de “el gracioso”, sino que todos los personajes desarrollan sus papeles con una gracia enorme. 

Y el tercer aspecto que llamó mi atención, tiene lugar en el quinto acto, con el diálogo con la Abadesa, esa mujer que lo primero que hace es sorprendernos a todos con su conocimiento del mundo masculino, la misma mujer que suponíamos casta, que reconviene a la esposa por ser celosa y por lo mucho que regañó al marido, tanto, que lo hizo enloquecer, …”pues hasta la propia virtud se convierte en vicio cuando es mal aplicada”, nos vuelve a aconsejar el autor. Y la risa salta cuando la abadesa propone ser ella quien cuide de aquel hombre para curarlo de todos sus males, pues lo conoce bien, podríamos añadir. Luego se aclararán las cosas y se verá quién era ella, y todo esto dentro de un humor muy sutil. 

Esto es lo que yo he visto. 

Gracias a Shakespeare por su sabiduría, sus avanzadas ideas y su teatro cómico, para mi gusto más sabio que el del trágico Otelo que no consigo asimilar. Y gracias también a los organizadores de la tertulia que nos han permitido abrir el año con la lectura de esta deliciosa comedia. 

A todos muy feliz 2015.

Mª José Martínez

viernes, 23 de enero de 2015

LITER-a-TULIA reunión Febrero 2015

Continuaremos adentrándonos en la obra de William Shakespeare en esta ocasión con la obra:

El Mercader de Venecia



Entre las obras de Shakespeare no cabe duda que El Mercader de Venecia ha destacado siempre por provocar un gran hechizo en sus representaciones teatrales a lo largo de la historia, aspecto que algunos entendidos atribuyen a su tema central, especialmente atroz y siniestro.

Para abrir la reunión e introducirnos en esta obra contaremos con la presencia del profesor Antonio Andrés Ballesteros González, Doctor en Filología Inglesa con Premio Extraordinario de lectura de tesis por la Universidad Complutense. Cuenta con varios libros escritos, el último "Escrito por brujas. Lo sobrenatural en la vida y la literatura de grandes mujeres del siglo XIX" (Madrid: Oberon, 2005). Ha editado, prologado, y en algunos casos traducido, textos de Shakespeare (destacando el inédito en España "Eduardo III", obra por la que le fue concedido en 2005 el premio "María Martínez Sierra" de Traducción Teatral, otorgado por la Asociación de Directores de Escena de España) Actualmente es Profesor Titular de Literatura Inglesa en la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Viernes 13 de Febrero, 18 horas
Restaurante Este o Este
Manuela Malasaña nº9
Metro Bilbao

miércoles, 7 de enero de 2015

Marguerite Duras: la escritura como acto. Por José Ioskyn

Tal vez Marguerite Duras haya pasado de moda. A algunos lectores de ahora no les gusta tanto, la encuentran demasiado siglo XX, un poco afectada en su modo de endurecer las frases o hacerlas contundentes, o no les cuadran las situaciones extremas en las que se introduce sin mediación. La plenitud existencial que plantea ya no causa la misma impresión. No es nuestra sensibilidad. Estamos apegados a lo tangible, lo inmediato. Los saltos al vacío que Marguerite Duras practica requieren hoy una prudencia especial. Nuestra época está escrita por relatos más sencillos, plausibles, recorridos por frases legibles de inmediato. Escribimos en una especie de réplica del lenguaje comúnmente hablado. Tendemos a la sencillez, quizás animados por el sueño de que despojarnos de artificios nos haría más accesible la verdad. ¿Cuál verdad sería esa, que no va acompañada de la particularidad de un estilo?

En el relato actual se trata de lo mínimo, aunque no del minimalismo. Este último requería un artificio que simulara un despojamiento, una limpieza extrema, dejando sólo aquello que era en realidad un poco menos que lo imprescindible. Esto, que fue una reacción al neobarroco, ya es historia también. Ahora resulta exagerado. El gesto debe ser el de la falta de gesto. El estilo es no tenerlo. La estrategia, si la hay – siempre la hay – sería la de disimularse, camuflarse, de hombre común, aunque no haya hombre común. Dado cierto estado de la lengua, el de hoy y ahora, se parte desde allí, tratando de no gritar demasiado ni hacerse notar, sin estridencias, ni alardes, ni desesperación. Tranquilidad, perfil bajo. No es un gran ideal, pero es una guía, tan válida como cualquier otra.

En las antípodas de la sencillez, Duras, desde este punto de vista, incurre en el pecado de ser aquella escritora increíblemente buena en la que su estilo, tan reconocible de inmediato, tal vez  repugne en una era de sobriedad sin sobresaltos. Su estilismo tan personal introduce al lector en el mundo durasiano ya desde el primer párrafo. Desde las primeras páginas hay que tomar la decisión: quedarse adentro, o salir. Muchas generaciones estuvieron adentro, se quedaron. Mi sensación es que esta elección disminuyó muchísimo.

Para los psicoanalistas sigue siendo una autora especial por el escrito que Lacan le dedicó, que es uno de los pilares de la conexión entre el mundo del psicoanálisis y el de la literatura. En él Lacan denosta sin piedad a los analistas que hacen interpretaciones salvajes de un autor a partir de sus textos, que aventuran conclusiones acerca de la persona que escribió un relato a partir de la lectura de un libro.  Lacan propone un ejercicio difícil: tomar al pie de la letra un escrito, sin imponerle nuestro aparato de saber previo, sin engrillarlo en un discurso, ni interpretarlo en distintos sentidos. Justamente, lo más complicado sea tal vez resistir a la tentación de no aplicar sobre la obra un sentido previo, sino continuar con la propuesta del autor.

Como cuestión preliminar, planteo la siguiente consideración: en los textos de Duras algo que no se sabía se termina sabiendo ¿Qué es? No se trata de un saber articulado, no es un saber del orden de la represión y el retorno de lo reprimido. Esto las histerias lo hacen mucho y muy bien. Acá, sin embargo, es otra cosa. No es el mismo procedimiento. No hay trucos, no hay el efecto sorpresa característico del inconsciente. Es otra cosa ¿Cómo definirla? Para saberlo se podría partir de un texto inmenso que tiene tan solo unas pocas páginas, y que se llama –justamente– Escribir. Duras se sale de los procedimientos del inconsciente, de la literatura del Otro y sus retoños: la neurosis “común”, el descubrimiento de toda una zona a la cual se accede por el sentido oculto que el autor (o el analista, o el analizante) proporciona.

El terreno de Duras es el de la oscuridad en la cual se derrumba lo sólido, la labilidad de la que un sujeto pende. Algunas de sus novelas transcurren en una zona en la que la subjetividad se puede perder de manera definitiva. Esto que no se sabe a veces se presenta ¿Qué sucede cuando no se sabe nada? ¿Cuándo eso que no se sabe invade, trastorna, enloquece? ¿Cuándo eso mismo aspira hacia su vacío, lleno de inquietud y horror? Respuesta provisoria: para no hundirse el sujeto interpone una barrera. Eso que se traza a modo de baliza, de muro, de límite, es la escritura. Esto vale para un escritor, o para cualquier sujeto, aunque no use lápiz, papel, o computadora, aunque sea iletrado, aunque no sea afecto a escribir ficciones o crónicas para un medio. ¿Cómo se vive esa escritura para el sujeto? ¿Cuál es la vibración subjetiva que la acompaña, o que es el signo de la escritura, cuando ocurre?

Este signo, el de la escritura, es el de la certidumbre de que eso que se traza es necesario. Es la única posibilidad de seguir existiendo. No hay duda, no hay inconsistencia neurótica, vacilación, división. La escritura es del orden del acto. Se hace. El litoral se marca y construye con palabras. Se sale de la inermidad, la invasión, el derrumbe, y se sabe que ese recurso es el único, el último. No es un saber articulado a la manera del inconsciente. Se sabe con el cuerpo, con el ser. Eso que se hace es la posibilidad de continuar y salvar la subjetividad, como Lol V. Stein, como la amante de la china del norte, como Anne Desbaresdes en Moderato Cantábile. La certidumbre en la ejecución de un acto. La escritura de una letra que hace barrera a la anulación del sujeto no se transmite, no se enseña; como todo acto se hace sin saber nada que se pueda decir. Pero sí testimoniar, que es lo que sucede con este libro, Escribir.

La escritura no es un acto en el cual se construye una defensa frente al goce, es el intento de ponerle nombre a lo que es innombrable. Si se tratara de una construcción “frente a”, sería una defensa. La escritura constituye un límite, pero no es “frente a”, sino “con” el goce ¿Quedaremos en una de nuestras paradojas nuevamente? En Duras no hay paradoja, escribir salva de la nada, pero se trata de escribir esa misma nada. No es cuestión de aludirla, no es conocerla. Es escribir para no perderse. El riesgo es la nadificación, la anulación. Si no existiese la escritura se perdería, se vería arrastrada hacia la muerte, tal vez voluntariamente, o al alcoholismo, o al vacío de la existencia que se llena cada vez con un goce que es una autopista hacia lo ilimitado. La escritura, la que merece llamarse así, es la escritura de este vacío que la aterroriza y a la vez la aspira.

Escribir es un libro errático, recorre su vida, su casa fuera de París, donde está sola, algunas de sus relaciones, recortes de escenas al azar – la precisión del azar, dice en su Moderato cantábile –, historias mínimas cuyo eje es la escritura: los hábitos de escribir, los ritual que la circundan, la imposibilidad de escribir y de no escribir, el valor que emerge de la escritura, como un tablón de madera en el océano.

Ese es el contexto temático del libro, que es breve, y que va tanteando su materia al avanzar. De a momentos roza el núcleo de la cuestión, para luego desviarse por alguna vía anecdótica y volver a comenzar. Esta modalidad presta una trama deshilachada para un tema duro y en parte inabordable, haciendo sentir en el esfuerzo de acercamiento la dificultad misma del objeto que trata. Su particularidad es la de hacerle sentir al lector la cuestión ardua que está trabajando, tanto que se hace difícil su lectura. No se lee de un tirón, es necesario, como le ha sucedido a Duras al escribirlo, tomarse pausas en la lectura. Duras obliga a pausar la lectura y a detenerse en cada palabra: poesía.

Ese es el paradigma de muchas situaciones, como el episodio de la mosca. En esa ocasión, ella estaba esperando a la cineasta que le haría una entrevista filmada; Duras la espera en la despensa, un lugar “tranquilo y vacío” de su casa en el que le gusta estar, sin hacer nada. Mientras espera, ve a una mosca común, aferrada a la pared, enredada en la tierra y el cemento que se han acumulado en el muro, sin poder volar. Duras transmite el patetismo del momento: la muerte de la mosca es la muerte. No hay chiste, ni minimización. Es la muerte que la mosca seguramente percibe: su llegada, la toma de posesión de su cuerpo, el abandono de sus fuerzas y de su resistencia. Aferrarse lo más posible a la pared es un drama. Duras percibe que darle esa relevancia a la mosca es un gesto de locura común y se resiste. Se lo cuenta a la cineasta, que cree que es una broma, y se la festeja con una risa. La mosca cae muerta.

¿Que hace con ese drama completo, la muerte de una mosca en la despensa de su casa? Lo escribe. Al escribirlo, lo registra, lo anota, y ya no se pierde en el mar de los hechos, de las circunstancias volátiles del mundo cotidiano. El texto adquiere una gran precisión en este punto: “La muerte de una mosca: es la muerte. Es la muerte en marcha hacia un determinado fin del mundo, que alarga el instante del sueño postrero. Vemos morir a un perro, vemos morir a un caballo, y decimos algo, por ejemplo, pobre animal... Pero por el hecho de que muera una mosca no decimos nada, no damos constancia, nada. Ahora está escrito. Es esa clase de derrape, quizá – no me gusta esa palabra, es muy confusa – en el que corremos el riesgo de incurrir. No es grave, pero es un hecho en sí mismo, total, de un sentido enorme: de un sentido inaccesible y de una amplitud sin límites. (…) Está bien que el escribir lleve a esto, a aquella mosca, agónica, quiero decir: escribir el espanto de escribir. La hora exacta de la muerte, consignada, la hacía ya inaccesible. Le daba una importancia de orden general, digamos, un lugar concreto en el mapa general de la vida sobre la tierra.”

El episodio evita recalar en el tópico de la finitud. Por una vía distinta, lleva a la muerte como una analogía de lo que tiene un sentido inaccesible – es decir, un sentido que es a la vez un sinsentido en sí mismo. El sentido no puede hacer de límite, salvo que contenga un sin sentido entrelazado. Dentro del sentido se halla lo que no tiene nombre ni posibilidad de ser nombrado. Es entonces, un real. ¿Que se hace con eso? Aquí viene la solución durasiana: se lo escribe. Pero no en el disco urso corriente, que implicaría una degradación, y a la vez se perdería la posibilidad de atrapar y solucionar el problema. La escritura es la “alusión exacta” – un oxímoron –, o la “precisión del azar” – otro oxímoron – que puede brindar una localización y una ubicación precisa, la posición de ese real en relación al sujeto, y eso mismo, ese acto, el trazo de esa marca, pacifica. Estemos alertas los psicoanalistas con respecto a la solución durasiana.

La escritura, podría decirse, es. Aunque tal vez no signifique. Duras despliega en un hermoso párrafo el hallazgo al que ha arribado de la mano de su amiga la mosca: “Todo escribe a nuestro alrededor, eso es lo que hay que llegar a percibir; todo escribe, la mosca, la mosca escribe, en las paredes, la mosca escribió mucho a la luz de la sala, reflejada por el estanque.  La escritura de la mosca podría llegar a llenar una página entera. Entonces sería una escritura. Desde el momento en que podría ser una escritura, ya lo es. Un día, quizás, a lo largo de los siglos venideros, se leería esa escritura, también sería descifrada, y traducida. Y la inmensidad de un poema legible se desplegaría en el cielo.”

José Ioskyn 

lunes, 29 de diciembre de 2014

Hamlet, de Shakespeare. Apertura de la tertulia 57 a cargo de Gustavo Tambascio

La importancia y vigencia permanente de Hamlet nos asombran de manera peculiar, aparte de la calidad extraordinaria de Shakespeare y de sus escrituras. Nos preguntamos qué pasa con Hamlet, por qué transcurren los siglos y se sigue escribiendo y hablando infinitamente sobre Hamlet. Aquí, los especialistas hablarán de lo que dijeron los grandes del psicoanálisis, Freud y Lacan. Yo me hago eco de una cuestión que, de alguna forma, recoge Lacan de unos escritos de Ernest Jones. Dice allí que lo único que podemos decir a ciencia cierta es que Hamlet produce en el actor, en los actores que lo representan, en el público, en la gente que lo lee, y como digo, en la experiencia misma de representación, un indefinible sentimiento, no sé si de malestar, pero es algo muy particular que hace que no se parezca a ninguna otra obra.

Hamlet, de Shakespeare. Comentario de Miguel Alonso

Siempre me sentí desconcertado, en el Acto I del drama shakesperiano, por la aparición fantasmática del Rey muerto. Y sobre todo porque no es una visión exclusiva de Hamlet, sino también, y primeramente, de los oficiales y soldados, al menos en ese primer acto, no así en el Acto III. ¿Cómo dar cuenta de este fenómeno? Tomaré diferentes vertientes para justificarlo, a saber, consideraciones sobre el duelo y la presencia, también sobre la mitología para, finalmente, abordar la prueba de la realidad.   

Respecto del duelo, decir que se trata de un trabajo simbólico que lleva a cabo la siguiente operación: lo que se pierde en lo real, el ser querido, reaparece en lo simbólico, en la palabra, en el lenguaje. Es también una operación de rescate, pues si el lenguaje se moviliza es para recuperar al sujeto del agujero real que amenaza con tragarlo en un abismo de melancolía. Cualquier ritual funerario consistiría en esas funciones simbólicas concernientes al duelo.

¿Qué observamos en Hamlet? Que los rituales de duelo están devaluados, tanto el del padre de Hamlet como el de Polonio como el de Ofelia, pues no se llevan a cabo ni en su tiempo ni en su espacio ni en su simbolismo lógicos de elaboración. Es decir, lo simbólico no está convocado formalmente para cumplir su función de rescate. Pero el trabajo que no se hace por la palabra en el duelo, se realiza por otro cauce, lo imaginario. Éste se moviliza produciendo, en el caso de Hamlet, la reaparición del padre en forma de espectro fantasmático. Y me parece sintomático que sus apariciones ocurren siempre que el lenguaje está en déficit, siempre que el lenguaje muestra su impotencia reguladora –por ejemplo en el encuentro con la madre en el Acto III— y aparece el padre muerto asociado al campo imaginario de las presencias, de los fantasmas, de las alucinaciones, etc. Ésta sería una primera justificación para la aparición del espectro del padre de Hamlet.

Para añadir pábulo a esta vertiente, voy a tomar una consideración lacaniana acerca de la cuestión de la presencia:

“… la brusca percepción de algo que no es tan fácil de definir, la presencia. (Seminario 1. Los escritos técnicos de Freud, página 72 Jacques Lacan).

La persona que está en duelo, en este caso Hamlet, incluso los cortesanos, se resisten a perder a la persona amada produciendo una actualización de la misma en el espectro. Eso sería la presencia. Pero con una particularidad que nos sitúa de lleno en el terreno del lenguaje, pues esa actualización es subjetivada por Hamlet para cumplir una función. El carácter de presencia será tal por cuanto el espectro se subjetiva en Hamlet, diseñando la acción y produciendo una oscilación del saber y de la verdad. Saber y verdad pasan desde Hamlet como intuición, como saber no sabido, hacia esa otredad que es el fantasma que, además, sabe, y sabe nada menos que la verdad. Verdad y saber dejan de ser una intuición que Hamlet tendría que elaborar con su propio deseo y en un tiempo de comprender, pues la verdad precisa de su propio tiempo, a ser una constatación de saber y de verdad que le vienen del Otro encarnado como presencia. En el mismo texto leemos de boca de Hamlet:

¡Oh!, ya me lo anunciaba el corazón… ¡Mi tío!” 

Se lo anunciaba, lo intuía, era un saber oculto, un saber que, podríamos decir, Hamlet no sabía o medio sabía. La constatación de ese saber, justo en uno de los momentos donde la angustia se le presenta y los ideales vacilan, se revela como saber absoluto. Allí donde el Otro debería de permanecer en silencio para dar lugar al deseo de Hamlet, resulta que aparece como dueño y amo del saber, lo sabe todo, lo trasmite, paralizando el deseo de Hamlet. Diría que ese espectro es una pura extimidad, es decir, una otredad pero, al mismo tiempo, lo más íntimo de Hamlet. Esto añade una singularidad a la cuestión del espectro. Éste se presenta como una instancia de lenguaje imperativa y superyoica. Hamlet queda instrumentalizado por una voz que porta una exigencia, a saber, que nada quede en suspenso, que todo sea escrito, que no queden espacios en blanco en la historia del Rey Hamlet. Algo parecido a lo que le exige Hamlet a Horacio en el final de la obra. Son voces, en definitiva, las que aparecen en este drama, que atosigan y envenenan los oídos, que rompen las jerarquías políticas, que rasgan la carne del mismo Hamlet y rompen sus ideales para proyectarlo, desde la angustia casi melancólica, hacia los desfiladeros de un deseo paralizado por los imperativos de una voz paterna y por la culpa angustiosa del padre ante sus pecados, sin duda, heredados por Hamlet. Y es que, como sabemos, los hijos heredan los pecados y las culpas de los padres.

Desde una vertiente más amable del lenguaje, el fantasma puede tomar un sentido mitológico. Es obvio que Shakespeare no disponía de las conceptualizaciones que hoy tenemos acerca del lenguaje. Disponía, eso sí, de mitologías y leyendas propias de la época, mitos y leyendas que no son otra cosa que relatos que procuran significar y dar sentido a los abismos insalvables para el conocimiento humano. Por ejemplo, podemos pensar que haya mitos y leyendas que traten de dar cuenta de uno de los afectos más terribles: la angustia. Y en esta escena primera del drama, estamos en un momento de máxima afectación de Hamlet ante la muerte de su padre, estamos ante su pura angustia. Hablaríamos, en nuestros términos, del afecto de angustia imposible de ser significado por el lenguaje. En este sentido, Jean Allouch, en su ensayo Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca evoca a Dover Wilson, un estudioso del teatro renacentista, para hablarnos del sentido luterano de la palabra “afectar” como aparentar:

Algunos demonios afectan la apariencia de amigos o parientes difuntos; así se explicaban los fantasmas entre los protestantes. La vinculación del afecto con la apariencia echa una buena luz sobre la teoría de los afectos…” (Jean Allouch. La erótica del duelo en tiempos de la muerte seca. P. 215)

La vinculación del afecto con la apariencia, o lo que es lo mismo, la vinculación de la angustia con lo fantasmático, tendría que ver con la puesta en escena del mito en el sentido que lo utilizaría Shakespeare. Es decir, el mito de la apariencia daría cuenta de un afecto, la angustia de Hamlet en relación con la muerte del padre, o quizá la del mismo Shakespeare respecto de su hijo, Hamnet Shakespeare, muerto poco antes de escribir el drama que nos ocupa. De hecho, el mismo dramaturgo llegó a encarnar la representación del espectro. De esta manera, el mito sería una metáfora que nos introduce en la articulación del lenguaje con los afectos dentro del mismo duelo. 

Otro aspecto interesante para justificar la presencia del fantasma en la escena del Acto III entre Hamlet y su madre. Jean Allouch, en Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca, plantea la pregunta siguiente a propósito de la muerte de un ser querido:

¿… el objeto amado ya no existe más?

Quien se encuentra en situación de duelo, con frecuencia, “cree encontrar… caminando por una vereda, o sentado en un auto que pasa… al ser que acaba de morir”. La semejanza entre el fallecido y la aparición se reduciría a algunos rasgos. En este sentido, resulta significativo que en Hamlet se resalten esos rasgos distintivos que identifican al Rey con el fantasma. Esto induce a pensar que el muerto estaría bien vivo, siempre siguiendo el razonamiento de Allouch, aunque la presencia sólo se mantendría un mínimo momento. “Es el momento de una alucinación”, dice Allouch. En el duelo habría, por tanto, una problematización de la realidad. ¿En qué sentido?:

Desde el punto de vista de la realidad, el muerto, lejos de tener el estatuto de inexistente… es un desaparecido… Pero un desaparecido, por definición, es algo que puede reaparecer en cualquier lugar… De modo que nos vemos llevados a pensar que precisamente no habría prueba de la realidad para quien está de duelo.” (Jean Allouch. La erótica del duelo en tiempos de la muerte seca. P. 71)

¿Qué quiere decir esto? Que la realidad del que está en duelo no constata la muerte, por el contrario, no puede constatarla. Es algo que justificaría la presencia de ese fantasma en el comienzo del drama. Ello es así porque no estaríamos en un escenario que tenga que ver con la realidad. Como dice Allouch:

En el duelo, la realidad ya no le sirve de pantalla a algo real

Por eso el espectro tiene la capacidad de contaminar el oído de Hamlet, porque no estamos en el campo de la realidad. La alucinación toma el lugar del objeto perdido, en la escena del Acto III con la madre, como única posibilidad de sustento para un Hamlet en duelo e impotente ante el deseo incontrolado de la madre. 

Para finalizar, ese personaje que surge después de haber sido arrancado del tronco de la vida, y el mismo Hamlet, con su destino marcado desde ese arrancamiento, hace que resuene en mí ese maravilloso poema de Chicho Sánchez Ferlosio donde podemos escuchar el sonido potente de la universalidad. Expresan perfectamente la dialéctica entre la parálisis de Hamlet y el deseo del padre:

Como flores que nacen de una rama arrancada,
Salen mis versos sabiendo que su suerte está ya echada”.


Miguel Alonso