jueves, 24 de octubre de 2013

Apertura de la tertulia sobre Los siete locos de Roberto Arlt. El contexto histórico y los personajes. Por Luis Seguí

Muchas gracias a los organizadores por haberme invitado a abrir los comentarios en esta tertulia. Es un privilegio inaugurar el nuevo curso, además por el hecho de tratarse de Roberto Arlt, autor al que he leído hace muchos años en Argentina y que me resulta extremadamente interesante. Hay literatura, cuentos, novelas, etc., en las que el contexto histórico en el que se desenvolvieron no tiene gran relevancia. Sin embargo, el caso de Roberto Arlt es, justamente, el contrario. Su literatura no puede ser entendida y disfrutada en toda su magnitud, si no se tiene en cuenta la Argentina en la que nació y murió (1900-42). Etapa inmediatamente anterior a la emergencia del peronismo.

Argentina y Estados Unidos tienen algunas cosas en común y muchas diferencias. Más diferencias que cosas en común. Éstas se refieren a que ambos países se formaron y construyeron sobre la base de la emigración europea. La segunda coincidencia es que, en ambos países, la violencia ha jugado históricamente un papel determinante en la construcción nacional.

Roberto Arlt era hijo de un emigrante alemán muy severo, lo que motivó que se marchase de de casa con 16 años. La madre era de Trieste. Peculiaridad muy interesante, porque Trieste era una ciudad muy especial, de frontera, que perteneció al Imperio Austro-Húngaro, después a Yugoslavia y que actualmente es italiana, lo que le confiere un carácter extraordinariamente cosmopolita, acaso por eso elegida por James Joyce para su exilio literario. La madre de Roberto Arlt era una mujer que, aunque no hubiera cursado estudios, leía poesías y diversa literatura, lo cual, sin duda, tuvo en Arlt una influencia determinante. Él fue autodidacta, se nutrió en los textos de Dostoievski, algunos de los cuales están muy presentes en sus obras. También están presentes Nietzsche, Salgari, Kipling, Gorki. Es decir, como todo autodidacta, tenía una formación muy dispersa, poco sistematizada, pero muy bien aprovechada, especialmente para sus novelas y para el teatro. Sus obras teatrales tuvieron mucho éxito en su momento en Argentina. También fue un escritor de cuentos.

Su primera novela fue El juguete rabioso, 1926, que para Borges era su obra más lograda. Luego, en 1929, viene el texto que vamos a comentar hoy, Los siete locos. Y ya en 1931 aparece Los lanzallamas, anunciado al final de Los siete locos, cuando plantea que los personajes van a continuar.

En el texto de Los siete locos –en los demás también, aunque de otra manera— está presente una escritura algo caótica, lo cual fue muy criticado en su momento. Una escritura, decían, con una sintaxis endiablada, con neologismos, con construcciones difíciles de comprender, con metáforas bastante delirantes. Decían que era una escritura desprolija, pero que fue valorizada después de su fallecimiento, como suele ocurrir con muchos autores, que son póstumamente elogiados cuando ya no lo pueden disfrutar.

Conocemos la gran literatura que se inicia a comienzos del siglo pasado en Argentina, tuvo su máximo exponente en Jorge Luis Borges, que pertenecía al grupo Florida, mientras que Roberto Arlt estaba identificado con el Grupo Boedo. Florida es una de las principales calles de Buenos Aires, y Boedo es un barrio, proletario en esa época. Borges tenía gran respecto por Arlt, igual que Ricardo Güiraldes, que fue su mentor y a quien Arlt dedicó El juguete rabioso.

En la obra de Roberto Arlt está presente la Argentina de la época, una Argentina caótica, un país en construcción, pues entre 1857 y 1914 habían entrado seis millones de emigrantes europeos, fundamentalmente italianos y españoles, pero también franceses, alemanes, judíos de centro Europa, sirio-libaneses, etc. Es una de las coincidencias que tiene con Estados Unidos, un territorio vacío también, sólo poblado por los indígenas, los auténticos y verdaderos americanos, que fueron exterminados. Ese territorio vacío se llenó igualmente con la emigración europea.

En Argentina hay otra peculiaridad, y es que, a diferencia del resto de América Latina, fue una sociedad que se urbanizó de forma muy rápida. La población urbana llegó a ser mayoritaria con respecto a la rural. ¿Por qué? Porque esos emigrantes que llegaban, a diferencia de lo que ocurrió en Estados Unidos con las granjas, que se entregaban a los colonos que iban ocupando tierra, en Argentina la oligarquía se había ya repartido la tierra entre ellos, de manera que los inmigrantes que llegaban no tenían dónde instalarse para generar una sociedad rural. Era el motivo por el que esos inmigrantes se agrupaban en las ciudades, principalmente en la de Buenos Aires, que es la ciudad que describe Arlt a través de sus personajes. Y varios de los lugares descritos en la novela, son nombres de localidades que hoy existen alrededor de la Capital Federal de Buenos Aires.

Hay otro autor de la época, Raúl Scalabrini Ortiz, un nacionalista en el buen sentido, un hombre preocupado porque Argentina disfrutara de su propia riqueza, de su propia cultura. En 1933 escribió un libro, El hombre que está solo y espera. Arlt y Scalabrini Ortiz escribieron sobre los mismos personajes desde distintas perspectivas, desde distintos ángulos. Scalabrini Ortiz, en ese libro significativamente titulado El hombre que está solo y espera, hace una descripción del hombre medio de Buenos Aires y de esa capital, de la cual, en un momento dado, se llegó a decir que era la Nueva York de América del Sur, una ciudad que estaba creciendo sobre la base de la inmigración y de un cierto desarrollo industrial.

La violencia que está implantada en la obra de Roberto Arlt, no hace más que trasladar a la literatura lo que ocurría en la sociedad argentina de la época, especialmente en Buenos Aires. En 1909 hubo una manifestación obrera en Buenos Aires fue durísimamente reprimida por la policía, que dirigía el coronel del ejército Ramón Falcón, con una cantidad de muertos que algunas informaciones cifraban en más de cuarenta, y decenas de heridos. El coronel Falcón justificó la represión diciendo que se trataba de "elementos anónimos, generalmente extranjeros, detritus arrojados por otros países, se refugian en nuestro seno constituyendo un factor exótico no asimilable a nuestra sociabilidad. Unos meses después, un joven de 18 años, Simón Radowitzky, nacido en Ucrania y de origen judío, arrojó una bomba al paso del carruaje de Falcón, matando a este y a su secretario. Por cierto, después de pasar en la cárcel más de veinte años y ser finalmente indultado, Radowitzky luchó en el bando republicano en la Guerra Civil, para exiliarse después en México donde murió.

Las corrientes anarquistas en Argentina, también las socialistas, pero fundamentalmente la anarquistas y anarcosindicalistas, eran muy fuertes en esa época, muy poderosas, y eran las que motorizaban la lucha obrera. En 1919, diez años antes de la edición de este libro, hubo una huelga en la Capital Federal de Buenos Aires, con más de 70 obreros muertos por la policía y por una banda fascista que se llamaba la Liga Patriótica. Es lo que se conoce como Semana Trágica. No sólo en Barcelona tuvimos una semana trágica, sino que en Argentina, en Buenos Aires, en enero de 1919, también hubo una semana trágica.

Estoy tratando de describir el contexto para entender por qué los personajes de Arlt son, no sujetos pasivos, sino sujetos activos de esa sociedad en construcción. Ellos están instalados en sus respectivos delirios, de hecho, el título es Los siete locos, pero en realidad son muchos más con distintos grados de locura. El personaje central de la novela es Augusto Erdosain, al que, en general, se le cita por su apellido. A mi modo de ver es el menos loco de todos, al menos en relación al Astrólogo, sujeto instalado en un delirio perfectamente construido.

Hay un capítulo del libro que se llama Discurso del Astrólogo. La palabra discurso no está utilizada como en psicoanálisis, donde se usa para describir una forma de lazo social. El del Astrólogo es un discurso en el sentido de pieza oratoria, porque da lugar a una pieza oratoria en la que expresa su delirio, por el cual todos se dejan seducir, incluso Erdosain, a pesar de que, insisto, me parece el menos loco. Y ello por una razón muy sencilla, Erdosain, a lo largo de toda la obra insiste con sus interrogantes sobre sí mismo, quién soy, qué estoy haciendo con mi vida, qué puedo hacer. Es la duda constante sobre su existencia. En los monólogos de Erdosain hay una conciencia de la fragmentación del cuerpo. Eso aparece en la novela con profusión, cuando habla de ser sólo un hombre con un envase que carga con setenta kilos. Hay distintas formas con las que Roberto Arlt expresa esa fragmentación del cuerpo y el deambular de Erdosain.

Creo que la clave fundamental del personaje, y de la obra en general, está en las primeras páginas de Los siete locos. Erdosain sabe que es un estafador que ha estafado a la Compañía Azucarera para la que trabaja, motivo por el cual va arrastrando su sentimiento de culpa, dándose cuenta de que el horizonte de la cárcel no está lejos. Hasta que un personaje le entrega el dinero para reponerlo y devolverlo a la empresa. Cuando empieza la obra, y él va arrastrando su carga de culpa, dice el texto:

Esta atmósfera de sueño y de inquietud que lo hacía circular a través de los días como un sonámbulo, la denominada Erdosain la zona de la angustia.
Erdosain se imaginaba que dicha zona existía sobre el nivel de las ciudades, a dos metros de altura, y se le representaba gráficamente bajo esa forma de salinas o desiertos que en los mapas están reveladas por óvalos de puntos, tan espesos como las ovas de un arenque.
Esta zona de angustia era la consecuencia del sufrimiento de los hombres…”.

Porque la angustia que aparece en este sujeto lo va a acompañar a lo largo de toda la obra. Y a esa angustia le atribuye la causa de otros acontecimientos, por ejemplo, el hecho de que su mujer lo abandone por un militar, el hecho de que se someta al delirio del Astrólogo, y que acepte el dinero que le ofrece un personaje significativo, nada menos que El Rufián Melancólico.

El Rufián Melancólico era un explotador de prostitutas. Más que un personaje delirante, es un escéptico, un rufián que ha intentado suicidarse pero que había fracasado en el intento. Como digo, tiene un absoluto y radical escepticismo. Él está con el Astrólogo, no porque crea en su proyecto, sino porque el Astrólogo le ha propuesto que, por su experiencia profesional, monte una cadena de prostíbulos con los cuales puedan financiar la colonia que van a crear entre el Astrólogo y los otros delirantes. La finalidad sería lo que, en términos del Che Guevara, se llamaría la creación de un hombre nuevo. Era la época en la que también se hablaba del súper hombre. Es decir, influencia nietzscheana, porque en el texto se habla del superhombre. El Rufián Melancólico está allí, entonces, dispuesto para aportar el dinero a través de la explotación de mujeres en una cadena de prostíbulos.

Hay otro personaje, también delirante, el Buscador de Oro. Es tan delirante como el Astrólogo. Luego aparece otro, el mayor, presentado por el Astrólogo en una de las reuniones. Su intervención es de un carácter profético extraordinario. Porque éste, en 1929, un año antes de que en Argentina se produzca el primer golpe de Estado militar contra un gobierno democrático, en su intervención, prácticamente despliega el programa de corte militar. Está diciendo que los políticos son unos inútiles, incompetentes, los militares sabemos hacer las cosas, vamos a convertir la producción. Suena bastante actual. Como digo, Roberto Arlt lo escribió en 1929, poco antes del golpe de estado militar.

El personaje de Hipólita me parece muy tierno. Es la prostituta que se ha casado con el farmacéutico Ergueta. Éste tiene toda una teoría sobre metafísica, y es el único que en el libro acaba en un manicomio. Efectivamente, todos los demás, a pesar de sus delirios, siguen con sus proyectos mientras Ergueta termina en un manicomio. Y la coja Hipólita, la ramera –que por cierto, nos es coja— termina con un diálogo desopilante con el propio Erdosain. Este personaje central recorre los prostíbulos sin acostarse con las prostitutas, a pesar de que su mujer reniega de él y le dice que le produce repugnancia.

Oscar Masotta escribió en 1965 un ensayo sobre Roberto Arlt que se llama Sexo y traición en Roberto Arlt. Oscar Masotta, como ustedes saben, fue precursor del psicoanálisis lacaniano en Argentina y posteriormente en España. Muchos otros autores y críticos conocidos han opinado sobre la obra de Roberto Arlt, entre otros Ricardo Piglia, que ha señalado lo siguiente:

El estilo de Arlt es un conglomerado de restos. Estilo alquímico, perverso, marginal, una trasposición verbal estilística del tema de sus novelas. Esa marea de jergas y voces, masa en ebullición de vidas indignas y rabiosas

Solamente un comentario final para que mis compañeros puedan continuar la tertulia. Insisto, la obra de Roberto Arlt fue valorada y revalorizada cuando ya había fallecido, al igual que ocurrió con tantos otros autores. Fue retomada en su verdadero valor literario a partir de 1950, es decir, ocho o nueve años después de su muerte. David Viñas –escritor, crítico y periodista argentino— el mismo Masotta, Jorge Luis Borges lo tuvieron muy en cuenta. Éste último sentía un profundo respecto por Roberto Arlt, aunque siendo quien era, lógicamente le criticaba su estilo, pero le reconocía una fuerza literaria inusual.

Doy el turno, entonces, a mis compañeros, a los que, una vez más, expreso mi agradecimiento por haberme permitido realizar estos comentarios sobre el contexto histórico en el que escribió Roberto Arlt.


Luis Seguí

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy buenos comentarios!! Me ayudó a resolver todas las dudas que me habían quedado para completar mi monografía sobre el libro Los siete locos. Ademas de ayudarme a ubicarme en el tiempo de una forma muy fácil de comprender. Gracias por el aporte!!