miércoles, 14 de noviembre de 2012

Comentario de Silvia Lagouarde sobre "El mapa y el territorio"

                                                        Ética y compasión
 
Considero que la novela de Michel Houellebecq El mapa y el territorio es, además de una novela, un ensayo. Novela-ensayo que muestra el pensamiento de un escritor, su visión del mundo y el provenir de la condición humana en el capitalismo. Me pareció oportuno, entonces, extraer de dos de sus libros, El mundo como supermercado y Enemigos públicos, su decir como pensador, porque tienen relación directa con esta novela que hoy presentamos, novela que atrapa al lector y lo lleva al desasosiego.

En El mundo como supermercado, resulta evidente que el ser humano se precipita a corto plazo, y en condiciones terribles, hacia una catástrofe. De hecho, ya la tenemos encima. Las consecuencias lógicas del individualismo son el crimen y la desdicha.

Llama la atención el entusiasmo que nos anima a perdernos, es de lo más curioso. Por ejemplo, sorprende ver la alegre despreocupación con la que se acaba de desbancar al psicoanálisis para sustituirlo por una lectura reduccionista del ser humano basando su ser en cuestiones hormonales o de neurotransmisores. La disolución progresiva en el curso de los siglos, de las estructuras sociales y familiares, la tendencia creciente de los individuos a considerarse partículas aisladas, sometidas a la ley de los choques, compuestos provisionales de partículas más pequeñas... todos eso impide que se pueda aplicar ninguna solución política.  

No nos libraremos de una redefinición de las condiciones del conocimiento, de la noción misma de realidad. En cualquier caso, mientras insistamos en una visión mecanicista e individualista del mundo, seguiremos muriendo. No me parece sensato empeñarse durante más tiempo en el sufrimiento y en el mal. Hace cinco siglos que la ideal del yo domina el mundo, ya es hora de tomar otro camino.

Respecto a Enemigos públicos, libro publicado en el año 2008, preguntas y respuestas de dos autores a los que nada parece unir, Michel Houellebecq y Bernard-Henri Levy. El primero, un novelista misántropo, depresivo, autoexiliado en Irlanda, aburrido y asqueado de las polémicas mediáticas. El otro, Bernard-Henri Levy, filósofo comprometido y bon vivant, erudito y coqueto.

Párrafos de la respuesta a Bernard-Henri Levy:

Mi sentimiento de culpabilidad es nulo, totalmente nulo. Nunca he sentido que tenga un deber ni una obligación con respecto a Francia, y la elección de un país de residencia tiene para mí la misma resonancia emotiva que la elección de un hotel. Ahora he comprendido perfectamente que estamos de paso en la tierra, no tenemos raíles, no producimos fruto. Nuestro modo de existencia, en suma, es distinto del de los árboles. Dicho esto, me gustan los árboles, me gustan cada vez más, pero no soy un árbol. Más bien seríamos piedras lanzadas al vacío y tan libres como ellas. Me siento en la vida como en un hotel y sé que tarde o temprano tendré que abandonar la habitación. Si hay una idea, una sola idea que atraviese todas mis novelas, hasta la obsesión, es la de la irreversibilidad absoluta de todo proceso de degradación una vez iniciado. Da igual que esta degradación afecte a una amistad, una familia, una pareja, un grupo social, una sociedad entera. En mis novelas no hay perdón, vuelta atrás, segunda oportunidad, todo lo que está perdido está perdido irremediablemente y para siempre... Lo cierto es que me encuentro exactamente en el mismo punto de incertidumbre filosófica”.

“Así que resumo. Los derechos humanos, la dignidad humana, los fundamentos de la política: me inhibo de todo esto, no tengo ninguna munición teórica, nada que me permita validar tales exigencias. Queda la ética, y aquí sí puedo decir algo. Solo una cosa, en verdad, luminosamente identificada por Schopenhauer, que es la compasión, justamente ensalzada por él, justamente vilipendiada por Nietzsche, como fuente de toda moral. He tomado partido por Schopenhauer. La compasión no permite fundar una moral sexual, pero sí fundamentar la justicia y el derecho. Si la compasión desapareciera, la humanidad también desaparecería.

Silvia Lagouarde

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