Cuando
Bradbury publicó este cuento en 1952, todavía no se había acuñado la expresión
"efecto mariposa" creada por el matemático Lorenz, padre de la teoría
del caos.
El relato es de tal magnitud metafísica
que su análisis puede ser enfocado desde múltiples perspectivas. Por una parte
tenemos el misterio del tiempo. Lo que en el cuento se nos propone como ficción
constituye también un problema físico matemático. La idea de un tiempo lineal
se ve desbordada por la posibilidad de que el tiempo posea varias dimensiones,
cuyas trayectorias no sigan el modelo de la flecha. Por otra parte, tenemos la
cuestión apasionante de la causalidad. La teoría del caos, en la que se puede
situar la trama del cuento, considera que ciertos sistemas están gobernados por
un determinismo absoluto y que una alteración imperceptible en las etapas
iniciales de un proceso físico puede adquirir proporciones gigantescas en los
efectos posteriores. Travis, el guía jefe, lo explica muy bien con el ejemplo
del ratón aplastado.
Lo
que Bradbury nos propone es una profunda interrogación sobre cómo concebimos la
causalidad. Lo que ha sido responde a una sucesión de acontecimientos
contingentes que en una lectura retroactiva los consideramos necesarios. Pero
todo podría ser de otra manera por la sencilla razón de que no hay posibilidad
de saber a priori en qué momento
vamos a pisar o no al ratón y cambiar el curso de las cosas. En cierto modo,
podemos incluso pensar que Hitler no era necesario,
que podría no haber nacido, que la historia responde a la teoría del caos, y
por lo tanto cualquier predicción es imposible a largo plazo.
Pero
lo más interesante es que Bradbury nos plasme toda esta cuestión radicalmente
compleja a través de un sujeto. Lo asombroso es la decisión que toma el autor
al cargar sobre la espalda de un solo hombre (Eckels) el terrible peso de la
historia. Aquí es donde a mi juicio el relato se aparta de su formato de
ciencia ficción (un género con el que el propio Bradbury nunca se sintió del
todo identificado) para convertirse en una fábula moral.

Bradbury
pertenece a la tradición de los pensadores consecuencialistas, los que
sostienen una ética que no se basa en la universalidad de la ley moral, sino en
las consecuencias de nuestros actos y nuestra responsabilidad más allá de las
buenas o malas intenciones subyacentes. Esta temática ha sido muy trabajada por
el autor, que en algunos de sus cuentos ha llevado la cuestión de la
responsabilidad moral incluso al terreno de la infancia, mostrando que también
allí existen actos que son inapelables. Recomiendo al respecto muy
especialmente All summer in a day (Todo el verano en un día), donde indaga
de forma magistral en la terrible crueldad que los niños pueden ejercer.
Gustavo Dessal
1 comentario:
Te felicito por el blog. Es muy interesante. ¡Saludos!
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